domingo, 1 de abril de 2007

El regulador de aplausos.

Es un espectador sentado a la mesa más conveniente para apreciar lo que se sucede en el escenario de virtuosos músicos de jazz y, lo más importante, es quien empieza los aplausos a los solos virtuosísticos de virtuosos músicos de jazz y considerable parte de la audiencia se suma a tal manifestación de sentirse gratificado que tiene la particularidad creo yo de no ocurrir al final de una obra sino durante y que por lo tanto se hace necesario que entre el público contemos con un espectador lo suficientemente seguro de sí y lo suficientemente convencido de cuándo debe haber aplauso y cuándo puede no haberlo.

Se lo ve a este espectador comiendo una picada junto a otros espectadores que lucen como potenciales reguladores de aplausos. Yo supongo un tema de jerarquías en esto.

También es este espectador quien regula las miradas de indignación hacia la mesa de un par de chicas alocadas que ríen como si no entendieran nada como si no estuvieran escuchando ni la cuarta parte de lo que ahí puede claramente escucharse como si todas esas notas fueran sólo todas esas notas y no formaran el sublime conjunto preciso espontáneo o no pero que hay que ser demasiado tosco para no dejarse seducir por, hay que padecer una completa brutalidad para no.

El regulador de aplausos entonces regula aplausos y miradas y sus amigos potenciales reguladores saben muy bien qué hacer, aplauden y miran a tiempo y confirman así la condición de regulador de, en este caso, un tipo de camisa amarillo pato.

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