lunes, 30 de abril de 2007

Mi dentista.

Mi dentista es una persona común aunque tiene eso de imitar sutilmente con la voz el ruido de cuando mueve la silla en la que uno yace para que él intervenga. Acciona los mecanismos eléctricos para inclinar o subir la silla y en un volumen muy bajo deforma la voz e imita.

Es tan buena su imitación que al principio uno cree que sólo está escuchando el correcto funcionar de la máquina. Pero no, con algunas sesiones más uno nota que hay algo raro.

Una cosa así podría alimentar el temor de uno a que, se me ocurre, el dentista persona común enloquezca súbitamente y con sus utensilios lleve a cabo una minuciosa, prolija tortura.

Por ejemplo, que con el torno nos haga dibujos en el paladar.

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