jueves, 31 de mayo de 2007

La rubia se subió a la silla para bailar con toda plenitud. Se empezó a mover como diciendo cosas. Su estilo era desprolijo en la medida justa, era lo que todos querían ver. Muy segura de sí la rubia bailando en su silla. No le era un problema tener que estar pendiente de no incrustarse una lámpara en la jeta.

sábado, 26 de mayo de 2007

Sería la segunda o la tercera o la cuarta o la quinta clase que teníamos con este señor, no más. Y si es más no importa, esto es medio irrelevante. Un señor que nos caía bien. Nos daba una materia que nos caía bien. En unos horarios y días que nos caían terriblemente mal pero al final terminaba por lograrse una sensación de irrealidad para nada despreciable. La mañana de un sábado, por ejemplo, en una institución casi vacía.

Entonces este señor esa vez borraba el pizarrón en silencio, un silencio relajado, murmullo de fondo. Yo enfoqué en el señor y su manera de borrar el pizarrón. Paz interior pura que devino en otra cosa, algo bizarro. Se le iba formando una nube de polvillo de tiza, una nube enorme envolvente, supongamos que había rayos de sol y hacían su efecto. Yo miraba al señor metido en esta cuestión densa luminosa, miraba cómo su brazo se movía borrando y miraba su cara. Bastante inexpresiva pero algo había, como una lectura de mente empecé a efectuarle. De repente la situación era muy cómica, y casi nadie lo había notado. Estaba alguien inmerso en nube de polvillo, y parecía debatirse entre un par de sensaciones. De sobrenaturalidad por ejemplo, y de algo en relación a un sentido del humor particular, capaz. Que encima después se detuvo en actitud contemplativa en su nube y dijo algo como

- Lo que pasa es que yo antes tomaba merca.

martes, 22 de mayo de 2007

Receta.

Encender la hornalla, poner agua en recipiente y colocar de manera que se caliente, que alcance ebullición.

Salar.

Agregar ñoquis y fideos a la vez.

Preparar un plato transparente con trozos de manteca a punto heladera recién, y un poco de queso en rayas o esferas sumamente pequeñas.

Que pase un poco de tiempo.

Notar el error de haber agregado ñoquis y fideos a la vez.

Notar que no fue un buen día, no.

Que pase un poco más de tiempo.

Ver cómo los ñoquis se van disolviendo, sentir el desfasaje de las pastas, sentir ansiedad.

Prematuramente -al menos en un sentido- dar por concluida la cocción, pasar la mezcla obtenida al plato transparente.

Mezclar más, agregar queso nuevamente y seguir mezclando más.

Que la manteca se derrita e intente una unión, una síntesis, con la porción líquida de lo que antes fuera ñoqui.

Comer y no encontrar propiedades emergentes, encontrar que se trata justo de lo que uno esperaba y nada más.

viernes, 18 de mayo de 2007

El hombre buenísimo.

Llamaron al hombre buenísimo para que arreglara la heladera.

Él llegó con ruido, él hace un uso particular de su capacidad vocal. En vez de hablar grita. Pero de manera que queda aproximadamente agradable, no sé cómo lo logra. Él va alegre por la vida, pareciera.

Revisa la heladera, habrá quien insinúe que con poco esmero.

Después sin rodeos dice algo de

- 520 pesos.

Pero que encima el arreglo sería de éxito dudoso. Se decide entonces que no, que por el momento la dejamos así, todavía funciona aunque tenga ese iceberg ahí creciente y crujiente por las noches. El hombre se pone los lentes oscuros y se va tan alegre, su caminar es una danza.

Otro día se le comenta la visita a persona que había recomendado al personaje. Y resulta que las descripciones del señor coinciden sólo en un veinte por ciento.

Qué habrá pasado, cómo es que llegó un hombre buenísimo impostor.

Todavía no lo sabemos.

lunes, 14 de mayo de 2007

A alguien le pregunté que por qué tenía arremangada una sola manga del pulóver, una arremangada todo el tiempo y la otra no, y me dijo que es que el pulóver le quedaba chico y me explicó algo de la física de los pulóveres que quedan chicos y que no se arremangaba las dos para no quedar ridículo.

jueves, 10 de mayo de 2007

Lo que pasó en el hospital.

Esto me lo contó la prima de una chica.

Esta prima de una chica aparentemente se esmeraba en ser buena persona y por eso solía ir al hospital a donar su sangre de buena persona que tan bien haría a otros.

Una de las veces que fue estaba haciendo la dieta de la luna, que tenemos entendido es no comer una vez por semana. Ella eligió ir al día siguiente del de no haber comido nada.

A pesar de esto último todo estaba saliendo bien, su sangre se iba acumulando dócilmente y sólo dejó de hacerlo cuando algún aparato o persona adiestrada señaló que la recolección había llegado a feliz término. Entonces la prima se dispuso a irse y seguramente hablaba, hablaba y gesticulaba todo el tiempo, seguramente.

Pero después se desmayó.

Y en este momento es cuando alguna persona adiestrada intenta reanimar a la joven prima. Otra persona adiestrada manotea una planilla que tenía el nombre de la joven prima, pero se equivoca y agarra la de una tal Luisa que estaba esperando su turno para donar sangre ahí muy cerca en sala contigua.

Entonces las dos personas adiestradas empiezan a gritar

- ¡Luisa! ¡Luisita!

Esto lo escucha la joven prima que estaba empezando a volver en sí y también lo escucha la Luisa verdadera que acude con ímpetu, con su cuerpo lleno de sangre servicial, llega y ve a la prima ahí tirada y pregunta muy preocupada

- ¿A esta chica le tengo que donar sangre?

Yo no sé, creería Luisa que donar sangre es algo así como en tiempo real.

lunes, 7 de mayo de 2007

El cara de nada en un momento que no daba.

Ibas en una bicicleta en una calle céntrica en un horario pico.

Llegaste a la esquina y quedaste entre auto que quería doblar y atrás tuyo colectivo grandísimo y tan macizo y denso que te podría aplastar como quien pisa bacterias al caminar.

A pesar de todo seguías avanzando a velocidad mínima pero constante, no te percatarías del peligro. En el auto que quería doblar la señora al volante no entendía qué pasaba, no comprendía tu accionar, te miraba preocupada más allá de la situación. Tu cara de nada en absoluto le decía que estabas viviendo una realidad que no era la conveniente en ese momento. Lástima sintió la señora, no indignación. Maniobró como para no atropellarte, esquivó tu avance sin sentido y siguió, y vos como si absolutamente nada. Inmune también al colectivo y a las miradas de las gentes que andábamos casualmente por ahí y dadas las circunstancias te interrogábamos o alertábamos o insultábamos en nuestras mentes.

jueves, 3 de mayo de 2007

Superhéroe de supermercado.

En la fila para el pesaje de vegetales era el turno de una niña tímida y yo diría que sensible a mucho. Se le notaba la dificultad para con el mundo.

En eso una señora de maquillaje imperdonable se acerca al encargado del pesaje, le dice algo con semblante de preocupación o martirio y el encargado muy comprensivo toma la bolsa de vegetales de la señora y la coloca sobre la balanza.

Pero hay un superhéroe en el supermercado que tiene la situación vigilada. Un tipo de traje y corbata y cansancio que acude al llamado mudo de la niña.

Sin decir palabra se dirige a la balanza, saca los vegetales de la señora y se los entrega, toma los vegetales de la niña y los deposita sobre el aparato.

Sin decir palabra desaparece por entre las góndolas.