lunes, 7 de mayo de 2007

El cara de nada en un momento que no daba.

Ibas en una bicicleta en una calle céntrica en un horario pico.

Llegaste a la esquina y quedaste entre auto que quería doblar y atrás tuyo colectivo grandísimo y tan macizo y denso que te podría aplastar como quien pisa bacterias al caminar.

A pesar de todo seguías avanzando a velocidad mínima pero constante, no te percatarías del peligro. En el auto que quería doblar la señora al volante no entendía qué pasaba, no comprendía tu accionar, te miraba preocupada más allá de la situación. Tu cara de nada en absoluto le decía que estabas viviendo una realidad que no era la conveniente en ese momento. Lástima sintió la señora, no indignación. Maniobró como para no atropellarte, esquivó tu avance sin sentido y siguió, y vos como si absolutamente nada. Inmune también al colectivo y a las miradas de las gentes que andábamos casualmente por ahí y dadas las circunstancias te interrogábamos o alertábamos o insultábamos en nuestras mentes.

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