viernes, 18 de mayo de 2007

El hombre buenísimo.

Llamaron al hombre buenísimo para que arreglara la heladera.

Él llegó con ruido, él hace un uso particular de su capacidad vocal. En vez de hablar grita. Pero de manera que queda aproximadamente agradable, no sé cómo lo logra. Él va alegre por la vida, pareciera.

Revisa la heladera, habrá quien insinúe que con poco esmero.

Después sin rodeos dice algo de

- 520 pesos.

Pero que encima el arreglo sería de éxito dudoso. Se decide entonces que no, que por el momento la dejamos así, todavía funciona aunque tenga ese iceberg ahí creciente y crujiente por las noches. El hombre se pone los lentes oscuros y se va tan alegre, su caminar es una danza.

Otro día se le comenta la visita a persona que había recomendado al personaje. Y resulta que las descripciones del señor coinciden sólo en un veinte por ciento.

Qué habrá pasado, cómo es que llegó un hombre buenísimo impostor.

Todavía no lo sabemos.

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