martes, 22 de mayo de 2007

Receta.

Encender la hornalla, poner agua en recipiente y colocar de manera que se caliente, que alcance ebullición.

Salar.

Agregar ñoquis y fideos a la vez.

Preparar un plato transparente con trozos de manteca a punto heladera recién, y un poco de queso en rayas o esferas sumamente pequeñas.

Que pase un poco de tiempo.

Notar el error de haber agregado ñoquis y fideos a la vez.

Notar que no fue un buen día, no.

Que pase un poco más de tiempo.

Ver cómo los ñoquis se van disolviendo, sentir el desfasaje de las pastas, sentir ansiedad.

Prematuramente -al menos en un sentido- dar por concluida la cocción, pasar la mezcla obtenida al plato transparente.

Mezclar más, agregar queso nuevamente y seguir mezclando más.

Que la manteca se derrita e intente una unión, una síntesis, con la porción líquida de lo que antes fuera ñoqui.

Comer y no encontrar propiedades emergentes, encontrar que se trata justo de lo que uno esperaba y nada más.

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