sábado, 26 de mayo de 2007

Sería la segunda o la tercera o la cuarta o la quinta clase que teníamos con este señor, no más. Y si es más no importa, esto es medio irrelevante. Un señor que nos caía bien. Nos daba una materia que nos caía bien. En unos horarios y días que nos caían terriblemente mal pero al final terminaba por lograrse una sensación de irrealidad para nada despreciable. La mañana de un sábado, por ejemplo, en una institución casi vacía.

Entonces este señor esa vez borraba el pizarrón en silencio, un silencio relajado, murmullo de fondo. Yo enfoqué en el señor y su manera de borrar el pizarrón. Paz interior pura que devino en otra cosa, algo bizarro. Se le iba formando una nube de polvillo de tiza, una nube enorme envolvente, supongamos que había rayos de sol y hacían su efecto. Yo miraba al señor metido en esta cuestión densa luminosa, miraba cómo su brazo se movía borrando y miraba su cara. Bastante inexpresiva pero algo había, como una lectura de mente empecé a efectuarle. De repente la situación era muy cómica, y casi nadie lo había notado. Estaba alguien inmerso en nube de polvillo, y parecía debatirse entre un par de sensaciones. De sobrenaturalidad por ejemplo, y de algo en relación a un sentido del humor particular, capaz. Que encima después se detuvo en actitud contemplativa en su nube y dijo algo como

- Lo que pasa es que yo antes tomaba merca.

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