jueves, 28 de junio de 2007

La perdiz es un ave que hace a la felicidad (I).

Al final

uno se termina

olvidando

de lo que dijo que no

se termina acostumbrando

a lo que dijo que jamás

se termina encariñando

con gente

necia

agresiva

carcomida

inexistente

termina

creyéndose lindo

termina

por dejarse estar

en una sensación

de estar

dejándose estar

todo el tiempo

en una sensación

dejada de estarse estar

que no termina

o pseudotermina

en situaciones

medio

desesperadas

que terminan

por haber sido

y estar siendo

y estar por ser

siempre

lo mismo.

Al final

uno

no puede evitar

ser siempre lo mismo

y por eso

se mete

en ciclos

que a

uno

lo hacen pasar

por

a lo sumo

cuatro o cinco

conclusiones

siempre lo mismo

una tras la otra

como los haces de fibras musculares circulares en el hidroesqueleto de una lombriz

las cuatro o cinco.

Uno cumple

su ciclo

de conclusiones

en períodos

de duración

variable

por ejemplo

once meses

y las

falencias

características

de la memoria

son la clave

de que

aun

así como

están las cosas

tengamos momentos

de felicidad.


jueves, 21 de junio de 2007

Mis manos son reptiles, pienso. Camino llevando un aparato difícil de explicar, pesa de manera tal que le hace algo doloroso y frío a mis falanges. Ya casi tengo escamas, pienso, en mis manos ectotérmicas. Cualidades del invierno. Los pies se vuelven objetos poco cómodos, independizados del resto. Igual conviene llevarlos. Lo mismo con las manos. Iba caminando con el aparato y pensando tanto. Freno para orientarme. Hay una señora que se cree que voy a estar ahí por mucho tiempo y aprovecha para querer conversar. Como preámbulo hace un suspiro que puede también interpretarse de otra forma, una señora que me espira su aliento viciado a la cara. Yo la miro y después huyo. La orientación habrá que resolverla sobre la marcha. La señora se iba a quejar por el clima, seguramente. Y yo no quiero escuchar más de su aliento, llevo un aparato y reptiles y no sé dónde estoy. Además la señora no quería escuchar de mi aliento, seguramente. Llevo reptiles, señora, y este aparato y la mente medio entregada a una obsesión que tengo que no es lo de las manos sino otra cosa. Yo traté de ser cordial y como respuesta a su preámbulo la miré a sus ojos y le dije con mi mirada todas las sensaciones por las que pasaba en ese momento, después huí. Y usted habrá entendido, seguramente. Porque sabemos lo bien que funcionan las comunicaciones de miradas y alientos viciados.

sábado, 16 de junio de 2007

Como tiene sangre verdadera porque come carne y no solamente vegetales va a jugar un partido al aire libre a una hora que el clima es pintorescamente adverso. A mí me parece perfecto. Que vaya y ponga toda su sangre en un partido en el aire libre de esta petroquímica ciudad. Que se aclimate a aquella sensación y que un poco le cueste y esto le sea placentero. Que alguien no involucrado tenga oportunidad de presenciar con orgullo esta expresión de vitalidad. Que se organice una seguidilla de asados en su honor sería perfecto. Que alguien no involucrado articule cosas sobre la vida salubre. Alguien que se vuelve salubre porque va a natación. Después se enchufa siete horas de rayo catódico idiota pero su cuerpo está en armonía salubre porque además de la natación adhiere durante doce segundos a alguna cuestión china milenaria. En lo personal a mí me gusta que la gente nade y juegue partidos y coma lechones, puedo llegar a deleitarme con cosas así en lo personal, las cuestiones chinas me encantan además, pero si al final a las personas les surge de las mismísimas entrañas un discurso del aire y la vida y lo torpe que sería dejarse estar en hábitos torpes y que les arruina la existencia estar rodeados de hábitos torpes que son una falta de respeto total a la vida de oler céspedes y pinos y ser capaz de soportar climas adversos con toda la sangre que fuera necesaria que va transcurriendo por sus sistemas circulatorios y llega a sus pulmones rosados que se llenan de qué cosa bastante turbia y poco vital para que puedan hablar. Eso me da ganas de pensar que hacen estas cosas sólo para acceder al discurso de la vida sana y que en realidad se sienten muy mal.

lunes, 11 de junio de 2007

Que no puede dormir y entonces se imagina colibríes para poder dormir, cosas lindas. Supongo que flores y estrellas y osos panda o polares también califican. Se extiende sobre el tema un rato más, habla de ser sensible, se jacta. Pero el problema es que aunque todo eso y por todo lo otro sigue sin poder dormir y fue a tres médicos que le recetaron cada uno su solución y tiene ahí tres cajas porque fue y adquirió cada una de las soluciones propuestas y me pregunta que ahora qué hace. No quiere ningún consejo, se sabe, solamente necesita desplegar las roturas de su vida que por lo tanto cierta plenitud tiene y al final es una maravilla que todo vaya como va pero es igual de terrible y doloroso. Yo constituyo la audiencia completa, soy lo mejor que pudiste encontrar y me da gracia que tuvieras la mala suerte de haberme encontrado a mí como lo mejor, algo tan berreta a tus fines. Y estando ahí casualmente me pasan muchas ocurrencias que no puedo compartir contigo porque vendrían a ser crueles, creo. Casi te digo que entonces que no duermas, no duermas nunca pero nunca pero nunca más.

miércoles, 6 de junio de 2007

El señor que es mi abuelo está senil. Hace siete ocho nueve años que no puede caminar, su vida es estar recostado semidormido escuchando radio, semimuerto. A veces se despierta creativo. Me cuenta lo que dijeron en las noticias, que encontraron petróleo en méjico y bush ya mismo está invadiendo. Encontraron muchísimo petróleo, una cantidad inconcebible de petróleo. Mi abuelo frunce su cara para demostrarme que es una magnitud que no puede ser. Busca palabras pero no las hay y entonces se frunce más y más hasta que yo también empiezo a fruncirme, lo que significa que entendí. Podemos seguir hablando del petróleo en méjico, debemos seguir, porque es un tema que nos concierne. Las repercusiones. Podemos imaginarnos un poco qué va a pasar. Sale el tema del agua, suspendemos el petróleo por el agua. Yo quiero volver al petróleo, a méjico. Pero el fluido ganador es el agua, después el té con leche, después se pone a cantar. Hay unas pastillas ahí dando vueltas, una rosa y una blanca, y el vaso de agua. Él canta y deforma la letra que da gusto. Amaga con las pastillas, quiere agarrar el vaso o no. Quiere tomarse una pastilla o no. Entra en la paranoia de si ya tomó las pastillas, nervios, perdió las pastillas o no, entra en un delirio que va mucho más allá de méjico, violento, ahora estamos en una oficina y el locutor que él odia está ahí en la oficina, atrás, nos molesta. Yo trato de volver al petróleo, pero ya es tarde. Estamos en la oficina y el locutor que odiamos empieza a robarse cosas, los objetos más importantes. Hay que agarrar todo lo que podamos, las pastillas, tengamos las cosas bien fuerte en nuestras manos y conviene fruncir la cara. Estamos perdidos porque ya se robó las pastillas y no hay nada que podamos hacer. Una rosa y una blanca. Después entra mi abuela y con sólo su gesto rompe el clima, nos semiduerme, nos semimata. Me saca de la oficina, hay que leer el diario, unos números, hay que ver si algunas cosas están vencidas. Y hay que protegerse muchísimo del frío.