sábado, 16 de junio de 2007

Como tiene sangre verdadera porque come carne y no solamente vegetales va a jugar un partido al aire libre a una hora que el clima es pintorescamente adverso. A mí me parece perfecto. Que vaya y ponga toda su sangre en un partido en el aire libre de esta petroquímica ciudad. Que se aclimate a aquella sensación y que un poco le cueste y esto le sea placentero. Que alguien no involucrado tenga oportunidad de presenciar con orgullo esta expresión de vitalidad. Que se organice una seguidilla de asados en su honor sería perfecto. Que alguien no involucrado articule cosas sobre la vida salubre. Alguien que se vuelve salubre porque va a natación. Después se enchufa siete horas de rayo catódico idiota pero su cuerpo está en armonía salubre porque además de la natación adhiere durante doce segundos a alguna cuestión china milenaria. En lo personal a mí me gusta que la gente nade y juegue partidos y coma lechones, puedo llegar a deleitarme con cosas así en lo personal, las cuestiones chinas me encantan además, pero si al final a las personas les surge de las mismísimas entrañas un discurso del aire y la vida y lo torpe que sería dejarse estar en hábitos torpes y que les arruina la existencia estar rodeados de hábitos torpes que son una falta de respeto total a la vida de oler céspedes y pinos y ser capaz de soportar climas adversos con toda la sangre que fuera necesaria que va transcurriendo por sus sistemas circulatorios y llega a sus pulmones rosados que se llenan de qué cosa bastante turbia y poco vital para que puedan hablar. Eso me da ganas de pensar que hacen estas cosas sólo para acceder al discurso de la vida sana y que en realidad se sienten muy mal.

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