domingo, 12 de agosto de 2007

Cuidado, pequeño siervo. A perro que ladra no se le miran los dientes, pequeño siervo. A perro que ladra mejor que sus siervos le tengan mucho miedo. Especial cuidado con mirarle los dientes. Ya viste lo que le pasó al ciervo siervo del perro que ladra, pequeño siervo. Ciervo quería ser perro que ladra, ciervo decía que el perro no muerde. Ciervo le metía los cuernos donde no debía, todo el tiempo. Y vos sabés lo que le pasó porque era tu propio hermano ciervo, pequeño siervo, tu propio hermanito chiquito cervatillo pobrecito lo que le pasó. Le mandaron una bandada de aves de rapiña, te enteraste porque hubo un revuelo. Así que cuidado, pequeño siervo, sabemos que andás padeciendo dudas profundas, pequeño siervo, que estás viendo qué hacer con tu cornamenta de doble filo. Sólo te obligamos a que tengas cuidado, que no mires a los perros a los ojos o a los dientes. Ya sabés lo que pasó. La curiosidad mató al ciervo.

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