martes, 30 de diciembre de 2008


Noté algo en tu parpadeo, algo que lo hace descomunal. Primero un ojo y después el otro. El derecho procede y al izquierdo le toma un tiempo, lo espera y lo copia de inmediato. Da sensación de direccionalidad, de ir hacia la derecha. Casi a la vez noté una fragancia tipo desodorante masculino que te atribuí sin dudar. Estabas gesticulando lo suficiente, movimientos explicativos de grandes brazadas, reacomodos en tu silla. Cada frase la terminabas con uno de tus parpadeos, cada parpadeo como una prolongación necesaria de tus frases. Tu interlocutor sintió la amenaza, le sobrevino un tic espasmódico en la pierna derecha, un tiemble oculto bajo la mesa. A vos también algo te atacaba, algo que te daba una pelea digna, un momento de gloria, de expresión catártica. Te estabas luciendo y tu interlocutor temblaba. Su defensa verborrágica no hacía más que poner en evidencia las costuras toscas con que unía sus presuntos saberes. Se volvió vulnerable pero lo dejaste pasar. No tirabas a matar, en el momento más ruidoso ya ni siquiera discutían. Se volvió más una carrera en solitario, un deporte para tantear los límites propios. Te fuiste silenciando gradualmente, fuiste entendiendo lo que la situación ameritaba. Comprendiste. Había que esperar que se le pasara el estado de habla demencial, había que escuchar con apatía toda la sarta de cosas poéticas que tropezaban entre sí para explicar fenómenos de la física de partículas, había una habilidad poética en tu interlocutor. No sé si en algún momento respiraron aliviados. Sí sé que yo quería aprender a comportarme así, como alguno de ustedes dos.

lunes, 8 de diciembre de 2008


Le bajó la presión en casa muy ajena, de desconocidos prácticamente, le bajó mucho la presión y al principio quiso rescatarse, quiso hacerse el de presión desapercibida pero su color blanquecino verdoso llamó la atención de la señora de allí de la casa y entonces lo hizo sentar y le ofreció un té, como unas siete veces le ofreció un té, tuvo que pelearla la señora frente a la negativa débil y poco convincente del personaje ahora grisáceo, siete veces y nunca un sí. Igual el té le fue preparado, le fue azucarado con esmero, y el personaje gris qué hizo: se tomó su té siete veces rechazado, lo tomó y vio en la taza restos de lápiz labial fucsia y eso no le gustó nada, y menos le gustó la idea de tener que permanecer en ese lugar algún tiempo más porque la señora de la casa no iba a dejarlo ir así, moribundo como estaba, incoloro, agónico, ella tiene como siete hijos, parece, ella sabe lo que es la baja presión porque uno de sus hijos. Gris sonríe, al borde del desmayo gris es capaz de sonreír y esto es interesante porque se trata de una persona muy seria, se trata de una persona escribana además. Gris es escribano y serio y cobra sesenta pesos por una firma y no tiene vida social y no tiene hijos y trabajando le pasa esto de un bajón de presión, algo completamente nuevo para él a sus 35 años de salud física crónica. Gris tiene un poco de miedo y entonces sonríe, gris se siente a merced de la señora de la casa. La señora de la casa se siente necesaria, feliz.

martes, 2 de diciembre de 2008


Hay que mentir, dice. Que hay que mentir, que a veces se hace necesario, o mejor: que a veces la verdad se hace absolutamente innecesaria. Ilustra su punto. Que la gente demanda mucho amor, mucho reconocimiento, que nosotros la gente nos andamos con esas cuestiones y está bien, hay que mentir. No por comodidad de uno, no por comodidad del mentido, dice, sí porque es lo correcto. Y después qué, le dice el otro, mentís y después qué. Y, después es terrible.

sábado, 29 de noviembre de 2008


Llegaste justo cuando los de sanidad clausuraban mi habitación. Perimetraban con cinta demarcatoria, vestían sus trajes antipatológicos antitoxiocológicos antiestéticos, una onda con mucha pretensión de NASA, las caras serias tras unos cascos como para salir fuera de la atmósfera. Llegaste y estos hombres con sus trajes y cinta precaria te asustaron un poco, no comprendías qué pasaba. Yo recién me levantaba de la siesta, salí y traté de explicarles que era absurdo que clausuraran mi habitación, que toda la ciudad estaba así. Creo que sus cascos hacían de barrera a todo lo que les decía, creo que no podían escucharme. Intentaste alejarte, sé que necesitabas mirar la situación desde más afuera, pero mi vecino del cuatro te interceptó. Pude ver su maniobra, fue y te invitó a unas charlas de metafísica, que viene gente de Buenos Aires, que es gente muy preparada. Mi vecino del cuatro ni se había percatado del operativo a su alrededor. Yo miraba a los hombres trabajar con esmero, tuvieron la delicadeza de dejarme fuera del perímetro de cinta, eso me gustó. También me hablaron un par de veces, frases memorizadas a la perfección, ensayado el tono de voz, la articulación tranquilizadora, yo ya había abandonado mis intentos de hacerme entender. En ningún momento pudimos comunicarnos realmente. Como con los niños pobres esos que entraron al patio del bar a vender cositas coloridas de plástico, cinco hermanitos pobres que iban llegando de a uno, nosotros comíamos una pizza. No queríamos comprarles nada, sí hubo un intento de comunicación. Somos pobres, dijo un pobre. Nosotros también, dijo un no pobre. Después se fueron, descuidando un poco sus caras de tristes. Con los de sanidad lo mismo, cuando se iban le aflojaron un poco a la seriedad, uno me miró con lástima, con comprensión. Vos le tiraste una tosca que rebotó en su casco haciendo un ruido lindo, un ruido nuevo.

viernes, 7 de noviembre de 2008


Tomándome una gaseosa con mis padres adoptivos me enteré de la edad de una persona que conozco poco. El dato me sorprendió, su cara daba para bastante menos, un caso claro de edad facial precoz. Bolsas en los ojos donde guardará su deuda de sueño, o no. Cuántas horas diarias dormirá. A mis padres y a mí nos encantan los números, también a la gente de crónica tv, y a todo el resto de la gente normal. Una compañera de trabajo dio a luz a un hijo recientemente, nos mandó un mensaje que decía el nombre del nuevo personaje, su talla y peso. Para imaginármelo miré los cerámicos del piso, siempre tuve la idea de que miden veinte centímetros, es así, cuando quiero medir algo mentalmente recurro al cerámico estándar. He efectuado mediciones terribles a base de cerámicos. Y ahora esto, un bebé. Pregunto a mis padres adoptivos cuánto medía y pesaba yo al nacer, les hago ese chiste maldito. No les causa, creo que no lo entienden, somos tan distintos. Casi lamento haber irrumpido en sus vidas que iban tan bien, en recuentos felices de cosas cotidianas comestibles y demás. Tuve suerte, ellos no creo. Igual se los ve saludables, todavía con esa alegría de vivir tan manifiesta, de tomar gaseosa y hablar y que haya una calidez. No puedo contra eso, me obligan a un comportamiento ejemplar, me sumo dócilmente a los conteos y comentarios acerca de personas que conozco poco. Después me voy, camino un par de cuadras por la calle de tierra con la cabeza haciendo todo tipo de maneje para que lo que dije sea verdad.

martes, 28 de octubre de 2008


Pasé por un lugar en donde venden ropa para mujeres embarazadas. Miré la vidriera. Miré los maniquíes embarazados a fuerza de un relleno accesorio, desmontable, confeccionado a base de cierto material capaz de tomar la forma que se le quiere dar pero sólo de manera aproximada, imperfecta. Poliuretano te diría, o bolsas plásticas, como les gusta a los locos. Y por encima un traje a finas rayas o flores atontantes, colores embarazados como el celeste y el rosa pálido, algún dibujo de animal cachorro. Y por debajo la malformación aquella que nadie quisiera parir. Los maniquíes antes venían con cabeza y ahora no, antes tenían una cara y ahora me parece que no, antes parecía que te miraban. Yo ando mejor ahora que los maniquíes vienen sin cabeza, no sé qué le pasará al resto de la gente. Hoy en el hospital mientras esperaba que llegara el cardiólogo creí escuchar una conversación sobre maniquíes y cuando agudicé resultó que no, que hablaban de un niño prodigio de la cumbia villera. Me entretuve. El cardiólogo nunca llegó, hubo que sacar otro turno y hubo que irse con ese tipo de alivio que es el peor: cuando las cosas se posponen. Hubo mucho papeleo además, hablar con personas que son como autistas del papeleo, y mucha exhuberancia hospitalaria. Gente que camina raro y veo pasar ocho veces, ancianos tan frágiles, completamente idos, embarazadas con tres hijitos ya nacidos a su alrededor, uno llorando. Yo cuando voy a un hospital me siento más cerca de la humanidad.

miércoles, 22 de octubre de 2008


Parece haber desarrollado unos olfatos nuevos, unos sentidos que le dan soltura en las incursiones que hace, supongamos, en las artes plásticas, supongamos, en la gastronomía o en la zoología aplicada, en la novela policial, en la cosmética, supongamos, en un mercado al que vamos que es atendido por personas raras. Yo le creo a sus olfatos, ella misma también, y yo por mi parte entiendo que es nada más y nada menos que eso: olfato, ella por su parte cree tener fundamentos teóricos y yo creo en cambio que ha desarrollado un olfato especial y por eso me fascina. La intuición es algo para fascinarse. Yo tengo intuiciones pero siempre erradas y por eso no las considero o termino por encontrarles fundamentos teóricos, varios, sin buscarlos, sin por esto recibir gratificación alguna. Ella ejerce su intuición sin empañarla demasiado y parece una persona normal y feliz, bueno a veces anormal, infeliz incluso, y yo independientemente de esto último insisto en ponerla a prueba. Es en realidad una actividad que intento compulsivamente para llenar el vacío que se genera cuando estamos juntas, sin querer la pongo a prueba y ella siempre consigue salidas que no me esperaba, salidas que tienen las de ganar y que ni siquiera me esperaba. Me gusta ver cómo afina su olfato hasta las últimas consecuencias, cómo construye personalidades, situaciones del pasado y del presente, del futuro, todo a partir de la evidencia dudosa que el mundo le va dejando para que pruebe con alguno de sus olfatos en desarrollo. Como ser una señora de lentes de marco bordó mirando con insistencia hacia un lugar específico en la heladera de los embutidos y chacinados y fiambres, una mirada desesperada casi, que trata de ocultar pero no, muy inquietante y no tan reveladora como yo quisiera pero más que suficiente para vos. Vos conocés a esa mujer por esa mirada a una terrible bondiola de la zona de embutidos y chacinados y fiambres, la conocés y no te cabe la menor duda. Me gusta saber cosas que cuando las digo ya no las sé y en cambio ella va sabiendo sus cosas a medida que las dice.

miércoles, 15 de octubre de 2008


El presidente habla y yo de todo lo que dice entiendo una sola palabra. Monopolio. No pienso en el concepto, me quedo solamente con los sonidos, el vocablo. Monopolio. Es lo último que dice el presidente antes de ceder el micrófono a un personaje de voz grave que más tarde retomaría el tema monopolio, pero eso en otro escenario, tomaría un gin tonic y retomaría el tema monopolio sentado a una mesa servida con unas pizzas por demás excéntricas, en la vereda, un vidrio separaba nuestro sector externo del sector interno que yo sentía particularmente ajeno, y a través de ese vidrio vi reír al presidente y vi que cuando reía el presidente también reían sus compañeros de mesa, que estaban verdosos o azulados según algo de la iluminación. Al presidente se le notaba un estrabismo feroz.
-Presidente es un apodo que le puse ayer
dice voz grave sin jactancia casi. Hay oscuridad en voz grave pero también hay claridad. Oscuridad cuando llega a un evento con otros dos señores, bien encamperados todos, llega a un evento de música con el presidente y otro más de la índole correcta. Después el presidente bailaría alocado y encamperado aun. Después le darían el micrófono. Hay claridad en voz grave cuando alguien habla de hacer bajar al presidente, bajar o tal vez volver era más bien la palabra, volver. Quiere darle una de las pastillas que él toma a ver si lo hacen bajar, volver. Es gracioso, el presidente ríe a través del vidrio y mira en direcciones estrábicas mientras afuera se habla de hacerlo bajar o volver. En ese momento voz grave tiene claridad. También la tiene cuando dice
-No tiene algo bravo, tiene algo bravísimo.

sábado, 4 de octubre de 2008


Yo estaba pensando en vos, estaba pensando tanto en vos que me pasé de largo, iba caminando y pensando patológicamente en vos y en un momento paré sin saber ni a dónde estaba ni a dónde iba. Fue un momento de pánico, miré a mi alrededor y todo era desconocido y conocido a la vez, lleno de objetos que no correspondían y sí correspondían a la vez, algo con los colores, primaveral hasta el hartazgo y lleno de basura, plantas y basura, gente elegante y basura, aire denso cargado de aromas de polen y basura, cosas así normales. Yo estaba entre basura y colores de primavera y pensaba en vos y te odié repentinamente una vez que fui conciente de dónde estaba y a dónde iba y que el mundo seguía siendo un lugar con basura y belleza simultáneas en cantidades insoportables. Después casi me largo a llorar, fueron un par de emociones ahí que merecían un llanto silencioso, visceral. Pero no se puede llorar en la calle y disfrutarlo salvo que estés demasiado más allá del bien y del mal y yo tengo particular arraigue al bien y al mal y a todo lo del medio te diría, y que alguien me vea llorando por la calle, que alguien vea mis lágrimas que son algo tibio y cargado de emoción que sale del interior mío, eso me haría muy mal. Entonces me aguanté. Y me acordé de la vez que estaba llorando en un locutorio y una mujer ni se dio cuenta y me habló de que juntaba firmas para salvar a perros desvalidos y yo sonreía y lloraba y firmé.

lunes, 29 de septiembre de 2008


Otra película que fui a ver es El fumigador. Trata de un hombre que fumiga. Usa un traje que usan los hombres que fumigan, usa un aparato de fumigar y va a un lugar y fumiga. Se lo ve trabajar en un invernadero de dimensiones impresionantes, cantidad de vidrio, luz, sistema de ventilación haciendo un ruido casi blanco, follajes varios y flores. Una presencia gélida en un ambiente absolutamente cálido. Esa misma presencia también se mueve por pasillos oscuros, el fumigador habla con científicos que le dan indicaciones y deambula incansable y sube escaleras y lleva su traje y su aparato y su voz es grave y usa palabras adecuadas y las pronuncia como si tuvieran muchos ángulos, como si estuvieran escritas con una tipografía siniestra. El fumigador tiene grandes planes. En una escena se ve el invernadero, la construcción completa y a lo lejos el personaje practicando unos movimientos en medio de una extensión silvestre de pastos e insectos, el sol siempre presente, quemando, y el fumigador en sus movimientos fumigatorios vestido de blanco y el sonido son pájaros que cantan. Después otra vez penumbras y pasos que retumban, solamente eso durante minutos, camina despacio durante minutos eternos y retumba molesto y se ven muchas luces de emergencia. Habla con científicos que le dan indicaciones y los científicos nunca son tan misteriosos, tan graves e impersonales como él. Esta es otra película que fui a ver y que me dio sensaciones tan vacías que tuve miedo de volverme loca. Se la recomendé a mi padrino y mi padrino fue a verla y me dijo
- Es la peor película que vi en toda mi vida.
Porque no pasaba nada, dijo que en esa película no pasaba nada y que cómo siempre que nos veíamos yo estaba en un estado de aburrimiento que era la perdición y después veía esa película y quedaba maravillada, si no pasaba nada, y que me había vuelto completamente loca.

miércoles, 24 de septiembre de 2008


Las chicas de la oficina son terribles, les llevás una información cualquiera y la mastican como vacas, la regurgitan y la mugen. Las chicas de la oficina me arañan con sus garras bovinas tan sutilmente que yo accedo como si fueran caricias, como si quisieran ser mis amigas, yo hablo presa de la euforia que me crispa el corazón cuando las personas se me acercan como si quisieran ser mis amigas, digo cosas tibias, gratas, digo lo que ellas quieren porque ellas se me acercan a pesar de mi psoriasis y mis manos grandes y mis lentes que no son modernos. Cuando la jornada termina nos pasa a buscar el transporte y durante el viaje no hablo con nadie, me voy dando cuenta de mis flaquezas recientes, me voy dando culpa y para distraerme escucho cómo los demás conversan y algunos se ríen y ellas van bien atrás y se ríen más. El transporte avanza por una zona de ciclistas, ciclistas raza ciclista, yo trato de ver sus caras sufridas pero es imposible porque es una raza llena de accesorios fluorescentes y tornasolados y lycra y entonces los ciclistas no tienen cara y vuelvo a pensar en mis flaquezas y me arrepiento mucho de la información que di, de la información que me obligaron a saber mientras comíamos nuestras respectivas ensaladas de vegetales modificados genéticamente que te dicen que se inventaron para poder alimentar al mundo entero, que haya vegetales gigantes y resistentes para la nutrición completa del mundo, y las chicas de la oficina hacen dietas y se desnutren con vegetales hipertrofiados que iban a salvar al mundo y las chicas se jactan de la genética y comen pasto, pasto, pasto y hablan, hablan, hablan y despiertan mi lado oscuro, que vendría a ser el más claro en realidad, color pastel, color de algo que se diluyó mucho más de lo debido.

lunes, 8 de septiembre de 2008


A un hombre le falta el brazo izquierdo. Camina hasta un lugar en donde venden cosas como cigarrillos, tarjetas telefónicas. Es un lugar al que no se entra del todo porque es chico como una cabina. Se ve que el hombre compra un diario y lo dispone bajo su brazo único. Algo pasa que obliga a una espera mirando primero al vendedor que busca monedas supongo, cambio, y después miradas distraídas a la calle. Miradas a una mujer que pasa llevando un vestido incorpóreo que permite sobreentender su parte corpórea delicadamente. El hombre sin brazo queda colgado de esa imagen, de esa mujer pelirroja que desaparece rápido. El hombre con brazo termina su interacción con el vendedor y sale. Camisa adentro del pantalón, cinturón bien ajustado, un aire de timidez cuando camina, zapatillas tan blancas como es posible. Hay al menos dos películas con la escena cruda de hombre que pierde brazo en explosión, uno en contexto bélico, otro en contexto más bien terrorista. En ambos casos la reacción del hombre involucrado es la misma: agarrar el brazo desprendido con la mano del brazo prendido. Y lo que sigue será caer desmayado, llegar a correr un poco capaz como escapando de la realidad, pero esto no se muestra. El hombre del diario avanza unos metros y nota la figura de otro hombre que avanza por la misma cuadra en dirección contraria, también le falta el brazo izquierdo. Cuando se cruzan hay una disminución de velocidades, ínfima pero evidente, hay unas miradas a sus respectivos no brazos y a uno se le escapa un hola a medias, un hola desde las profundidades de su mente que no se permite a salir del todo. El otro en respuesta lo mira a los ojos y enseguida reanudan su marcha. Hubo esa cuestión de las soledades que te unen, esto por un lado. Por el otro: faltaba un par de brazos entre dos personas y eso es mucho.

domingo, 31 de agosto de 2008


Ayer un personaje nuevo llegó a setear unas maquinarias. Hubo paz interior en su gesto único, en su saludo, una paz interior que perturbó a todos los presentes: un no estresado visitando un mundo circunstancial de estresados, de inmediato le comprás a su no estrés y te avergonzás de tu estrés individual, también del global. Este fenómeno podría ocurrir exactamente al verrés, como podría no darse. El personaje con sus ropas correctas, mal gusto correcto, se acerca al aparato digital y lo setea sin esfuerzo, sin necesidad de hacer foco. Explica cómo elegir el día, lunes martes miércoles jueves viernes, lo deja en viernes
- hoy no es viernes
- ah… las ganas que tengo de que sea viernes
sin estrés lo dice, sin miseria. Él quiere que sea viernes y yo no le creo, sé que le da exactamente lo mismo que sea lunes, viernes, septiembre, nada, que hoy sea nada: un no estresado visitando un mundo circunstancial de estresados, de inmediato le compra al estrés global, también a los particulares, le incomoda su no estrés propio. Me voy enterando de cosas, este personaje es el constructor de las maquinarias que ahora setea con soltura. Nos explica lo importante con simpleza, no se nota que está enseñándonos, habla de física pero no lo aparenta. Miro algo en sus ropas correctas, la manera en que las mangas del pulóver se unen al resto de la prenda, algo que ya vi antes, algo que es magia. No hay costuras sino un tejido distinto, un trenzado sutil sumamente estético que hace que las mangas estén en su lugar formando casi una pieza única con el resto. Eso es magia, mi ignorancia con respecto a la confección de indumentarias hace que ese pulóver sea mágico. La magia existe y no es magia en realidad, es ignorancia. Eso es magia y no es magia un conejo saliendo de una galera. Un conejo saliendo de una galera es corrupción.

jueves, 24 de julio de 2008


Tenía que ir a comprar pilas, tipo de actividad que lo perturba de una manera tan sutil que se siente mal y no sabe por qué, se siente agobiado y afloran sus problemas profundos, filosóficos, si no habla aparenta una tristeza femenina. No es del todo intolerable cuando está así, es en realidad un entretenimiento gratuito que me olvido que existe de tan leve tan casi inapreciable su condición de entretenimiento pero por otro lado bien patente, como alguien con un rayón violeta dibujado en la frente, hecho con fibra. Yo despliego mi maldad siempre que puedo, él lo sabe y por supuesto nunca hablamos de eso, él es de pocas palabras, y de estas pocas palabras que es hay algunas cuyo patrón de repetición creo que estoy cerca de tener absoluta comprensión. Voy y le doy a entender que yo podría ir a comprar las pilas si él quisiera, hago de la compra de las pilas el asunto más menor que jamás haya existido, y tengo razón, aparento una seguridad masculina, una despreocupación, él en severo conflicto consigo mismo, podríamos estar durante semanas así, incluso podríamos cambiar de rol en una maniobra sigilosa y perfecta. Me encantaría que eso pasara, una inversión, si cuando discuto puedo defender cualquier cosa, puedo ser cualquiera de las partes, lo más sincero es ser ninguna en mi caso. No sé cómo funciona para el resto de la gente pero yo sé que me es imposible tomar partido por nada, hablo de tener una convicción real, mis decisiones tienen más que ver con detalles, solamente entro en discusiones porque a veces me da una vitalidad o me permite decir palabras que quiero o puedo desplegar mi maldad. Envidio un poco que él sea tan romántico, creo que sufre pero lleva una existencia menos opaca que la mía, ir a comprar pilas es una aventura. Cómo puede ser que ir a comprar pilas sea una aventura, no puedo imaginarme ser él en medio de sus melancolías, sus brotes verborrágicos, sus crisis de toda clase. Quiero ser él pero enseguida ya no, hay tedio en ser uno y en pasar a ser otras personas también debe haberlo, hay tedio acá y en el resto del universo.

miércoles, 9 de julio de 2008

Ratman pisa a un gato. Va en su camioneta de luces rojas y azules, al principio no sabemos de qué se trata, los patrulleros no tienen luz roja, las ambulancias no tienen luz azul. Yo vi pasar la camioneta de luz bicolor y leí ratman, con mucha subjetividad habré hecho esta lectura porque todo fue tan rápido, me di vuelta para no tener que ver el accidente fatal que no llegó a concretarse. A mi entender el animal dudó y esto le costó una maniobra errónea aunque se trataba de un gato, criatura urbana si las hay, criatura con tanta calle y agilidad. También por un momento me pareció un suicidio, hubo una decisión de cruzar cuando ratman ya estaba bastante avanzado en la cuadra, fue casi a su encuentro. Igual después la duda, como la reacción torpe de dos personas tratando de esquivarse, eligiendo mal derecha o izquierda, yo vi algo de esto en el proceder del gato, eso o un arrepentimiento a último momento. Después pensé que era una complejidad entre ratman y el gato, cuestión oscura que jamás llegaría a entender desde mi simple posición de testigo audiovisual, pero el animal sobrevivió. Hará un par de meses ese otro gato cayendo desde un segundo piso o más también sobrevivió. Sobrevivieron los dos de manera muy evidente, corriendo como atletas al instante inmediato de haber podido morir, víctimas dándose a la fuga. Ratman con las luces rojas y azules prendidas, en esa misma esquina hacía unos días habían tratado de raptar a una mujer. Caminábamos entonces por una versión medio mala de ciudad gótica con una cumbia sonando de fondo.

jueves, 3 de julio de 2008

Te explico, es uno morocho, alto, cara con algún tipo de aplastamiento vertical o concentración de órganos de los sentidos en un espacio reducido, como que hay lugar para un ojo más, la mirada es entre desinteresada y narcotizada, rubio, te lo cruzabas en un polirrubro y lo saludabas y él muy tímidamente respondía, de voz casi inaudible, hará un par de años de esto, después te mudaste, cuando lo volví a ver había sufrido un viraje de aspecto, parecía haberse fusionado con un oriental y andaba menos preocupado, con menos de esas tensiones de la gente tímida, desde entonces llegué a conocerlo más, porque me lo cruzaba por entre mi gente allegada, bastante inaudible seguía pero se aprende a hacer foco en lo que te dice y este es un momento cumbre de conocer a este personaje, cuando descubrís que habla como un entendido, como un superado, pero modesto, sabe cosas, nos hicimos amigos entonces, circunstanciales, amigos extraños, confidentes, me enteré de sus angustias más profundos, filosóficas, y también de detalles frívolos, tenía serios problemas vocacionales, universitario, pelirrojo, me acuerdo de una cuestión que le trababa la existencia, un final al que no podía anotarse desde su pc y no quería ir a hablar con quien correspondiera, estaba en regla de cursada y todo pero había mal proceder informático, la máquina no lo dejaba anotarse y se la pasaba en un estado de decadencia, de adicción a internet, esto era típico, complicaciones de esa índole, y de una decadencia extrema pasaba a un orgullo que no te imaginás, en ciertos rubros más que en otros, de la decadencia al orgullo y viceversa todo el tiempo, siempre me dio una simpatía eso, siempre me gustó su fealdad, las pausas que hace cuando habla y pone una cara especial de buscar la manera de explicarse, no sabés lo bien que se comporta cuando le contás tus propios conflictos, tiene el ego apaciguado, no larga los retruques típicos competitivos, a ver quién sufre más, a ver quién lleva la vida más plena, bueno, ese, ese personaje, algo pasaba con ese personaje que tenía que explicarte, algo pasaba y ahora no me acuerdo qué.

sábado, 28 de junio de 2008

Cruzaba la calle y te vi, en la entrada del restaurante chino nuevo te rodeaba gente absorta prestándote una atención que me dio risa. Vos en tu faceta típica de saberes profundos y unos oyentes idolatrándote. Me acordé de mí, de cuando te creía. Antes te creía y ahora también pero hubo un buen día en que decidí que no decías verdades, fue una decisión correctamente tomada, es decir en frío, en un clima sepulcral me dije que eras ahí un paisaje raro solamente. Fijate que cuando me hablás ya no hago el movimiento nervioso de ir hundiendo la uña del dedo gordo en las yemas del resto de los dedos de la mano respectiva, primero en la del índice y después en la otra y después en la otra y después en la otra y se vuelve a empezar, casi clavándome la uña, inflingiendo un dolor que me distraiga de la verdad porque es la verdad y no puedo soportarla. Ahora te creo pero creo más en cosas como el psicoanálisis por ejemplo, en esa gente empeñada en hacer deporte, festejo el día del animal y ando todo el tiempo con la mente puesta en esa clase de cuestión. De esto me di cuenta cuando iba a buscar a mi hija al jardín, que creo en cosas no te diría que de un manera azarosa pero sí te digo que no hay una lógica o algún método que tenga demasiado que ver con la racionalidad, esos tiempos de resolver problemas con la mente fueron exitosamente superados, ahora prefiero no hacer nada y me va bastante mal. Me distraigo con malentendidos de la gente que se prolongan durante conversaciones enteras sin que los implicados se enteren. Busco casualidades ínfimas que aunque no puedo compartir con nadie me dan alguna satisfacción porque estoy aprendiendo mucho sobre estadística, probabilidades, todo muy empíricamente y como para no creérselo, que la casualidad es algo común y la gente tiende a exagerar. Tengo la ilusión de que estas actividades reemplazan un tipo de pensamiento que tenía, muy relacionado con ser culposo. También pasan más cosas graciosas, ayer llegamos y vimos que la empleada doméstica acariciaba al perro con los guantes de goma puestos y pensamos la sensación del perro, proyectamos, a quién se le ocurre dar una caricia con guantes de goma puestos.

sábado, 21 de junio de 2008


Te estás informando, tenés la cara grave de que te estás informando, prestando atención a los detalles como si fueras adicto, incluso hacés un silencio tajante, especial, que me indica que estás en un momento clave. Escucho ese silencio desde cerca y agudizo los sentidos a ver si me entero de qué se trata esa actuación tuya de persona interesada, comprometida. Hubo un crimen en nuestra localidad, uno con mucha exageración, con demencia, y es necesario informarse primero y después conmocionarse, sensibilizarse. Para ello habrá que internalizar cada dato, cosas técnicas, cada hipótesis de lo sucedido, habrá que mantenerse alerta. De todas las maneras de alimentar el morbo esta va a ser siempre la más conveniente porque parecemos virtuosos o alguna cuestión así, correctos, nos estamos informando. Después puede darse un intercambio de opiniones, cada cual pone en evidencia que está debidamente informado y a ver quien sabe más. Así puede sacralizarse un almuerzo, es lo que me parece, llego y estás con otras personas almorzando y el silencio sólo se rompe para comentar la noticia que los espanta con mucha gravedad, para hablar de cuestiones forenses en un tono de ultratumba. Llego y estás almorzando tu morbo con avidez y tratás de compartirme unos bocados y también el resto de los comensales trata, hay cosas tan recién salidas del horno que sería una pena, sería un error imperdonable dejar que se enfriaran.

lunes, 26 de mayo de 2008

Hay un colectivo que me confunde, me hace creer que estoy en otra ciudad. Antes de subirme cuando lo espero en el poste indicativo ya estoy en esa otra ciudad y me gusta. También cuando voy caminando a la parada se nota el enrarecimiento, es la hora en que la gente prende luces pero todavía no cierra ventanas y se puede ver lo que están haciendo en sus casas. Todos miran televisión o algún tipo de monitor, una vez había personas jugando al ping pong. Hoy en el poste esperaba una mujer de ojos chicos y claros, lo segundo que me dijo fue que en ciertas panaderías el kilo de pan estaba a cinco pesos. De ahí en más hubo un intento de conversación que de a poco se hizo sincero, fue apareciendo la cuestión verdadera que había llevado a esa mujer a hablarme: la necesidad de confesar un pecado reciente, la ruptura bien fresquita de un juramento. Colmada de culpa me contó su historia, su decisión de jurar no ir al bingo nunca más, jurar a dios o ante dios o por dios y al final bastante en vano. ¿Sabés lo que es cobrar el sueldo acá y gastártelo entero ahí?, el bingo situado a un par de cuadras del banco, el banco en la esquina misma del poste indicativo 507. Una mujer pobre como ella, la delincuencia la había dejado sin nada. Antes tenía hogar, cosas, un hijo esquizofrénico. Después cayó en las fauces del juego y ahora sólo tiene una camita. Antes una casa, ahora una camita así diminutiva y ni una mesa, sí un hijo esquizofrénico. En una de las máquinas de un centavo convirtió diez pesos en cientotreinta, en serio, pero no supo reconocer el momento cúlmine y tuvo que quedarse a perder casi todo. Ahí está el error, le dije. Ahí está el error, repitió. Pero al hijo esquizo le había llevado carne y pan, también fueron a la iglesia y pidieron sus perdones respectivos: perdón por ser pobre, perdón por ser esquizofrénico, perdón por el trágico episodio del bingo, con dios no se juega. Cuando subimos al colectivo nos separamos, ella se sentó atrás y yo me quedé por el medio mirando la ciudad de una manera autista supongo. Lo último que me dijo fue perdón que te converse así.

lunes, 31 de marzo de 2008

Padece una fuerte obsesión con la belleza, también se preocupa por lo repulsivo de las cosas. Mide el grado de belleza y mide el grado en que las cosas le provocan repulsión. O no es que mide, es más una perspectiva constante, inamovible desde la belleza y la repulsión, sin poder mirar de otra manera. No mide entonces sino que le es inevitable permanecer en ese mismo lugar y sentir que los recursos ya están agotados, el aire viciado, y sentir todo un mundo conflictivo allá afuera, un mundo incomprensible destrozado y fascinante. Los enormes tedios por los que pasa son un síntoma que se le arraigó cual grasa subcutánea. Por eso tiene problemas en la oficina, problemas matrimoniales, problemas con sus hijos, por eso es que duerme demasiado y al despertar fantasea con cosas bellas, se angustia por cosas repulsivas. Sabe que dormir y esperar son actividades perfectas. Tener que esperar durante horas por algún trámite, en especial si el trámite ya se hizo alguna vez y se conoce la ubicación de los despachos, de los escritorios, si se recuerda a las personas, su maquillaje, entonces esperar es una bendición. Encontrar un tubo fluorescente justo a la altura de los ojos con decenas de pequeños insectos adheridos, ubicados casi en un patrón, muertos y resecándose sobre un tubo fluorescente prendido lleno de gas y brillante, siluetas tan prolijas y ridículas siendo cadáveres. Belleza y repulsión. Al lado se desarrolla una conversación muy ajena y nutritiva acerca de los hombres que se dicen incapaces de saber cuando otro hombre es bello, acerca de la apnea y la asfixia, acerca del odio a los vegetarianos, hay que poder comer cualquier cosa, hay que poder comer plástico y plutonio y roquefort. Hay problemas en la oficina, en el matrimonio, en los hijos, pero hay ratos impagables de no sentir culpa por lo que se está haciendo con la vida propia.

jueves, 27 de marzo de 2008

Una profesora de inglés que tuve dijo que si uno mismo no se quería entonces iba a ser imposible ser querido por otros y un par le saltaron indignados, unas almas torturadas, le saltaron con que incluso podía llegar a ser al revés. Ella usaba pantalones de cuero y nos transmitía su sabiduría en dos idiomas. Nosotros recibíamos su sabiduría en uno y medio, en uno solo, en cero idiomas. Era muy lindo compartir esos momentos en que las almas torturadas se expresaban, muy lindo el paisaje, la compulsión. Opinaba cada cual y dejaba un residuo cada cual, una maqueta de cartulinas varias, endeble y torpe casita de cartones coloridos hecha sin talento, sin sustancia. Sí que brotaba algo ameno, una armonía especial, la fluidez de unos hipopótamos rodando por la bicisenda, un concurso a la maqueta más esmerada y rosa, un debate prematuro y lleno de gritos. De una de estas sesiones me fui particularmente conforme, una vez que a una cara en general sin gesto se le prendió una bronca bien luminosa: saber que el oponente se retira con la certeza de triunfo cuando en realidad no ha entendido nada, nada de nada de la vida, y sin alma alguna que se rescatara de aquello y pudiera aunque sea aliarse un poco en parte mínima metiendo mal bocado erróneo pero en discordia, bocado revelador que hiciera ver a triunfo su ceguera, que en el estómago a todos nos diera una puntada amarga de sospechar que triunfo no estaba entendiendo nada pero nada de nada de la vida. Y sin gesto quedó con gesto en la cara, una desolación como nunca antes. Pocos habremos sido supongo los que nos llevamos un buen recuerdo, los que registramos el instante en que una parte de sin gesto murió no en vano, esa parte muerta significó el nacimiento de otra cosa, corrompida, dolorosa, infinita.

jueves, 6 de marzo de 2008

Creo que nunca me dormí en un colectivo. Serían las dos de la tarde y muy cerca de mí un hombre dormía profundamente en su asiento de colectivo, sin siquiera apoyarse sobre el respaldo parecía dormir profundamente. La cabeza cayendo, los hombros de persona abatida, una postura al límite del quiebre óseo en un equilibrio frágil. El colectivo doblaba y frenaba y las mujeres chillaban y este hombre parecía dormir profundamente. Pensé que podría estar muerto y tuve que mirarlo con detalle en busca de signos vitales, escudriñar casi indecorosamente desde mi posición. La distancia que nos separaba resultó suficiente para no corroborar nada. Sin certeza entonces de que respiraba, sin certeza de que movía un poco las manos, sin certeza de que un cadáver pueda mantenerse en esa postura como de levitación. Se sabe que hay cuestiones musculares en los recién muertos, rigideces, artefactos fisiológicos, el cuerpo insiste y hace algunas cosas, se hace el vivo. Un celular sonó estridente y el muerto respondió con un sacudón violento. Yo lo estaba observando, yo clavaba mis ojos en su cara justo en ese momento y me sobresaltó su reacción, él vio mi sobresalto, creo que llegó a ver algo de mi concentración tan aguda hacia él y el inmediato pasaje a sobresalto vergonzoso y se persiguió un poco y yo también. A partir de la llamada telefónica al ex personaje misterioso el muerto quedó bien despierto lanzándome miradas de control con cierta regularidad. Controlaba si lo estaba mirando y yo sí lo estaba mirando a veces aunque no quería porque yo también se ve que necesitaba controlarlo a él. Es increíble lo rápido que pueden moverse los ojos para mirar a alguien, a otros ojos, lo hacen como desobedeciendo al cerebro. Yo estuve en un trance así durante gran parte de mi viaje en colectivo, hasta que el muerto se bajó. Creo que nunca me morí en un colectivo.

martes, 15 de enero de 2008

Ella me estaba contando su mejor anécdota del fin de semana. Era, por supuesto, una historia problemática. Acto seguido se le va el habla a la zona de decir que tiene 45 años. Yo pienso que está bien, que es exactamente lo que aparenta. No hay un dejo de neurosis en la mención de su edad y esto es sorprendente. Aunque después hable de todas las cirugías estéticas que necesita yo lo interpreto como un intento de comentario gracioso y nada más. Sigue narrando, ahora que tomaba sol y en eso pasa un negro
- Jamás vi un negro tan negro como ese.
Y dice que se sonrió, porque
- Este debe pensar que estamos todos chiflados, que nos ponemos al sol para quemarnos la piel, para quedar negros.
Después se pregunta si ellos se tirarán al sol así como nosotros, si ellos irán poniéndose más negros. Y se ríe porque se da cuenta de la seriedad con que se está tomando esta duda acerca de ellos. Yo también me río. Se desvía, ahora sin notarlo sube un poco la voz y se le hace ese quiebre gallinezco. Está hablando de gente honrada, de injusticias. La gente honrada no debería sentirse desprotegida, cuenta que fue a la comisaría y la pasó mal, vio cosas, un hombre loco que decía que iba a matar a la mujer, ella los había visto hablando minutos antes en la vereda, al hombre y a la mujer en cuestión con un bebé en brazos, que lo acompañaran porque podía llegar a hacer cualquier cosa, la mataba, rogando que lo acompañaran a donde fuera que debía ir y había una señora y una chica a las que habían robado, gente honrada
- Yo sé lo que sentían, a mí me pasó algo así.
Y narra aquel capítulo triste.
Cuando hablo yo a ella se le escapa una mímica, mueve los labios como queriendo decir mi frase. Sería esa manía de asentir cuando el otro habla para darle una sensación de comodidad, pienso, que devino en algo más rebuscado. Ella quiere que yo esté cómoda, desde algún lugar recóndito de su alma ella quiere que yo esté cómoda y hace esa mímica siniestra que me acelera las frases. Yo pienso que sí, que está chiflada.

jueves, 3 de enero de 2008

Fotocopia de foto perro dorado perdido sharp pei. Se gratificará. Fotocopia de foto es muy triste, el dorado se ve gris oscuro, el animal no se entiende. Responde al nombre de. Número de teléfono. Sharp pei animal triste. Dónde estará, su familia lo busca. Los perros tienen eso de entrar en las familias y ser hermanos, hijos, primos de personas. Genealogía enferma. Pobre sharp pei que se perdió el 24 a la noche y su buena familia lo busca. Tan dorado y perdido el sharp pei, entre la pirotecnia y la gente reunida en casas y todo ese delirio. Niños gritando. Se ponen frenéticos los niños y suenan atacados, les gusta gritar y espantan a los sharp peis. De los niños perdidos te ponen una fotito en televisión, me acuerdo, siempre están sonrientes. Siempre efímeras sus apariciones, casi una estrategia subliminal, llegué a pensar. Por la radio te describen cómo vestían la última vez. Y en las facturas del gas o de esa índole la fotito milimétrica y toda atrofiada del niño sonriente, la cara no se entiende. Se sabe que es un niño y que está perdido desde cuándo. Cuando un niño se pierde en la playa se hace eso de ir aplaudiendo. La primera vez que vi eso me dio miedo. Pero lo que tienen estos casos es que terminan bien, se sabe que el niño encontrará a sus padres porque están en una playa, están de vacaciones y el niño se perdió sólo porque hubo alguna distracción. Casi siempre terminan bien.