lunes, 26 de mayo de 2008

Hay un colectivo que me confunde, me hace creer que estoy en otra ciudad. Antes de subirme cuando lo espero en el poste indicativo ya estoy en esa otra ciudad y me gusta. También cuando voy caminando a la parada se nota el enrarecimiento, es la hora en que la gente prende luces pero todavía no cierra ventanas y se puede ver lo que están haciendo en sus casas. Todos miran televisión o algún tipo de monitor, una vez había personas jugando al ping pong. Hoy en el poste esperaba una mujer de ojos chicos y claros, lo segundo que me dijo fue que en ciertas panaderías el kilo de pan estaba a cinco pesos. De ahí en más hubo un intento de conversación que de a poco se hizo sincero, fue apareciendo la cuestión verdadera que había llevado a esa mujer a hablarme: la necesidad de confesar un pecado reciente, la ruptura bien fresquita de un juramento. Colmada de culpa me contó su historia, su decisión de jurar no ir al bingo nunca más, jurar a dios o ante dios o por dios y al final bastante en vano. ¿Sabés lo que es cobrar el sueldo acá y gastártelo entero ahí?, el bingo situado a un par de cuadras del banco, el banco en la esquina misma del poste indicativo 507. Una mujer pobre como ella, la delincuencia la había dejado sin nada. Antes tenía hogar, cosas, un hijo esquizofrénico. Después cayó en las fauces del juego y ahora sólo tiene una camita. Antes una casa, ahora una camita así diminutiva y ni una mesa, sí un hijo esquizofrénico. En una de las máquinas de un centavo convirtió diez pesos en cientotreinta, en serio, pero no supo reconocer el momento cúlmine y tuvo que quedarse a perder casi todo. Ahí está el error, le dije. Ahí está el error, repitió. Pero al hijo esquizo le había llevado carne y pan, también fueron a la iglesia y pidieron sus perdones respectivos: perdón por ser pobre, perdón por ser esquizofrénico, perdón por el trágico episodio del bingo, con dios no se juega. Cuando subimos al colectivo nos separamos, ella se sentó atrás y yo me quedé por el medio mirando la ciudad de una manera autista supongo. Lo último que me dijo fue perdón que te converse así.