sábado, 28 de junio de 2008

Cruzaba la calle y te vi, en la entrada del restaurante chino nuevo te rodeaba gente absorta prestándote una atención que me dio risa. Vos en tu faceta típica de saberes profundos y unos oyentes idolatrándote. Me acordé de mí, de cuando te creía. Antes te creía y ahora también pero hubo un buen día en que decidí que no decías verdades, fue una decisión correctamente tomada, es decir en frío, en un clima sepulcral me dije que eras ahí un paisaje raro solamente. Fijate que cuando me hablás ya no hago el movimiento nervioso de ir hundiendo la uña del dedo gordo en las yemas del resto de los dedos de la mano respectiva, primero en la del índice y después en la otra y después en la otra y después en la otra y se vuelve a empezar, casi clavándome la uña, inflingiendo un dolor que me distraiga de la verdad porque es la verdad y no puedo soportarla. Ahora te creo pero creo más en cosas como el psicoanálisis por ejemplo, en esa gente empeñada en hacer deporte, festejo el día del animal y ando todo el tiempo con la mente puesta en esa clase de cuestión. De esto me di cuenta cuando iba a buscar a mi hija al jardín, que creo en cosas no te diría que de un manera azarosa pero sí te digo que no hay una lógica o algún método que tenga demasiado que ver con la racionalidad, esos tiempos de resolver problemas con la mente fueron exitosamente superados, ahora prefiero no hacer nada y me va bastante mal. Me distraigo con malentendidos de la gente que se prolongan durante conversaciones enteras sin que los implicados se enteren. Busco casualidades ínfimas que aunque no puedo compartir con nadie me dan alguna satisfacción porque estoy aprendiendo mucho sobre estadística, probabilidades, todo muy empíricamente y como para no creérselo, que la casualidad es algo común y la gente tiende a exagerar. Tengo la ilusión de que estas actividades reemplazan un tipo de pensamiento que tenía, muy relacionado con ser culposo. También pasan más cosas graciosas, ayer llegamos y vimos que la empleada doméstica acariciaba al perro con los guantes de goma puestos y pensamos la sensación del perro, proyectamos, a quién se le ocurre dar una caricia con guantes de goma puestos.

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