sábado, 4 de octubre de 2008


Yo estaba pensando en vos, estaba pensando tanto en vos que me pasé de largo, iba caminando y pensando patológicamente en vos y en un momento paré sin saber ni a dónde estaba ni a dónde iba. Fue un momento de pánico, miré a mi alrededor y todo era desconocido y conocido a la vez, lleno de objetos que no correspondían y sí correspondían a la vez, algo con los colores, primaveral hasta el hartazgo y lleno de basura, plantas y basura, gente elegante y basura, aire denso cargado de aromas de polen y basura, cosas así normales. Yo estaba entre basura y colores de primavera y pensaba en vos y te odié repentinamente una vez que fui conciente de dónde estaba y a dónde iba y que el mundo seguía siendo un lugar con basura y belleza simultáneas en cantidades insoportables. Después casi me largo a llorar, fueron un par de emociones ahí que merecían un llanto silencioso, visceral. Pero no se puede llorar en la calle y disfrutarlo salvo que estés demasiado más allá del bien y del mal y yo tengo particular arraigue al bien y al mal y a todo lo del medio te diría, y que alguien me vea llorando por la calle, que alguien vea mis lágrimas que son algo tibio y cargado de emoción que sale del interior mío, eso me haría muy mal. Entonces me aguanté. Y me acordé de la vez que estaba llorando en un locutorio y una mujer ni se dio cuenta y me habló de que juntaba firmas para salvar a perros desvalidos y yo sonreía y lloraba y firmé.

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