lunes, 8 de diciembre de 2008


Le bajó la presión en casa muy ajena, de desconocidos prácticamente, le bajó mucho la presión y al principio quiso rescatarse, quiso hacerse el de presión desapercibida pero su color blanquecino verdoso llamó la atención de la señora de allí de la casa y entonces lo hizo sentar y le ofreció un té, como unas siete veces le ofreció un té, tuvo que pelearla la señora frente a la negativa débil y poco convincente del personaje ahora grisáceo, siete veces y nunca un sí. Igual el té le fue preparado, le fue azucarado con esmero, y el personaje gris qué hizo: se tomó su té siete veces rechazado, lo tomó y vio en la taza restos de lápiz labial fucsia y eso no le gustó nada, y menos le gustó la idea de tener que permanecer en ese lugar algún tiempo más porque la señora de la casa no iba a dejarlo ir así, moribundo como estaba, incoloro, agónico, ella tiene como siete hijos, parece, ella sabe lo que es la baja presión porque uno de sus hijos. Gris sonríe, al borde del desmayo gris es capaz de sonreír y esto es interesante porque se trata de una persona muy seria, se trata de una persona escribana además. Gris es escribano y serio y cobra sesenta pesos por una firma y no tiene vida social y no tiene hijos y trabajando le pasa esto de un bajón de presión, algo completamente nuevo para él a sus 35 años de salud física crónica. Gris tiene un poco de miedo y entonces sonríe, gris se siente a merced de la señora de la casa. La señora de la casa se siente necesaria, feliz.

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