sábado, 21 de febrero de 2009


Una mujer lee la mano de otra. Le pronostica toda una sarta de bienestares básicos. Va llegando más lejos: realización personal, amor verdadero. Va adoptando la cara de decir que va a ser difícil. Que si está dispuesta a un sacrificio espeluznante, sobrehumano. Obvio. Quién te va a decir que no. Decís que sí y durante un par de segundos hay una fuerza demoledora gestándose en el centro mismo de tu alma. Las cosas que sos capaz de hacer, las cosas que el yo paralelo de tu imaginario personal es capaz de hacer. Después, no encontrando otro destino posible, la fuerza va a implotar. La mujer está inmersa en la lectura de una mano frágil que de momento se siente poderosa, parece que va en serio. Hay un testigo casual que mira la escena con desprecio. Mira una mirada que necesita ser vista. No debe permitirse ser del todo anónimo en estas circunstancias, no debe pasar del todo desapercibido porque está en el radio de algo que necesita ser amonestado. Casi que sus genes se lo piden, casi que el centro mismo de tu alma merece involucrarse. Entonces sin dejar de caminar mirás medio de reojo y hacés tu gestito histérico de desaprobación. Y no hay nada más que puedas aportar. Es como tu nombre en la lista debajo de unas fotos de focas apaleadas, sangre y agonía infinitas en tan tiernas, dóciles criaturas. Un mail con cientos de fotos que se van abriendo de a poco y te las mandan todas, que no vaya a faltar ni una. Y la lista ahí abajo, un completo despropósito. Está bien, hay que dejar a las focas en paz, es fácil quererlas: son tiernas, dóciles criaturas. Tampoco te las cruzás mucho por la calle, con sus olores y su hidrodinamia obesa estorbándote los sentidos. Las cosas serían diferentes. Solamente te advierto que tengas cuidado, que si alguien llegara a leerte la mano podrían saltar verdades que no querés saber.

lunes, 16 de febrero de 2009


Me fui enterando de su devoción por las personas flacas. Si sos flaco sos dios, o al menos sos feliz. Que consideran que bajar música o películas por internet es un delito, dicen que van a disquerías. Tienen que dejar bien en claro que la homosexualidad les da una especie particular de asco. Una vez vio a dos hombres de la mano, dos hombres normales, y no pudo soportarlo, fue en un lugar raro del mundo, raro como San Francisco, California. Combinar es violeta con lila, marrón oscuro con marrón claro. Usar ropa que antes fue de otro supone bastante mal gusto. Juntaron plata para castrar a una perrita que apareció en los alrededores, ya habría sido madre y no querría serlo de nuevo. Andaría decrépita con un par de cachorros sobrevivientes, unos animalitos que nacieron miserables y desnutridos y de todas formas parecen contentos. Como esos chiquitos de África, dice. Puse diez pesos. Y acordarse de que falta encontrarle a los pequeños un hogar. Anotó la señora mi nombre en la lista de gente buena, me agradeció y trató de memorizar mi cara. En vano, supongo. Ellos siempre se preocupan por los perritos, se desviven. Aman a los animales. Y no es que sean gordos, es simplemente que están obsesionados con la comida. A veces hay que llevar una torta. Sienten lástima por los gordos, entienden a los godos, les dicen gorditos. Si describís a un gordo decís que es gordito o grandote. Hay uno que se queda más al margen del palabrerío tendencioso, le escapa con elegancia a las conversaciones que se viven con la amenaza de hacerte decir cosas que no pensás. Tiene mejor humor. Hablaron de las noticias, dos chicos entraron en un coma por tomarle las pastillas para la diabetes a la abuela, en una fiesta mezclaron todo con la bebida. Qué bárbaro. Después hablaron de una muerte más cercana, bajaron el volumen. Detalle de la complicación en el quirófano. Nadie puede parecer realmente acongojado si dice “cirugía transesfenoidal”. Me gusta eso que tienen de superar las muertes ajenas, no sé si es algo que se gana con la experiencia, no lo creo. Sentido práctico. Voy a volverme un poco como ellos pero eso de las muertes sé que va a quedar pendiente.

jueves, 5 de febrero de 2009


Te vi entre el gentío y noté que era una buena oportunidad para corroborar esto de que tenés una doble vida. Rodeado de un grupo de amigos que te queda raro, incómodo, como parientes al borde del manicomio, saltándote alrededor y cantándote en idiomas falsos. Y vos tenés que hacerte cargo de llevarlos a algún tipo de chequeo médico, sin que ellos se enteren. Está difícil, te esforzás por meterte de hijo adoptivo correcto en una familia que va armándose lazos compulsivamente con los perros de la calle, con un par de chicas divinas, con sillones de mimbre que otras personas abandonaron. No sé si van por azar o por una necesidad de abarcarlo todo. Está fácil en realidad, podrías ser el nenito encontrado en la escena del crimen que creció medio aturdido, la persona que se respeta más que nada por el lado oscuro que le suponés de sólo verla. Alguien que no baila ni canta, que no consigue aplaudir, que camina torpe y perseguido. De tu doble vida entonces me fijé que había poco más que unas huellas queriendo ir a alguna parte. Una conquista que te propusiste y que capaz de a ratos va saliendo. Si socializás así por medio de fórmulas eso es lo que pasa, que se te notan unos números en la cara. Como cuando me junto a almorzar con mis amigas que creen en dios. Hablan mucho de maternidad últimamente, están por dar ese paso. Sus vidas van bien, sus trabajos, sus maridos, su entendimiento de la humanidad. Hasta tocamos un dilema ético con cierto humor. Parecen convencidas y felices, resueltas a traer vidas al mundo. Tienen unos números en la cara pero las cuentas dan bien. Dice que no tolera que le hablen con los lentes de sol puestos, que no sabés si te están mirando. Le digo que es parte de la cosa. Es otra manera de números en la cara. O sea, qué distancia hay entre hablarte con los lentes de sol puestos y que vos cierres toda frase con un si dios quiere.

domingo, 1 de febrero de 2009


Llegué y en el ambiente habría habido una pequeña reunión. Perfumes que se mezclan y no de la mejor manera para mi psiquis. Por lo menos si hubieran dejado algo en la heladera entonces estaría bien. Ni llegaron a tomar un café y esto lo sé sólo por intuición. Y porque tengo la suerte de hervir un poco de café para mí que quedaba en la cafetera apenas, un poco de café que ya habría sido hervido antes, sufrido unos hervores repetidos, apagado, enfriado, vuelto a calentar y que quede medio tibio. Todo a lo largo de un mismo día sábado, tengo la capacidad de reconocer un café que yo hice. Me gusta hervirlo para que no quede ninguna duda. Prendo algún aparato para no escuchar ruidos por si los hubiera. Prendo algún bossa nova porque entiendo algunas palabras fáciles y otras no y lo importante es que no hay ninguna complejidad angustiante en los bossa nova que prendo. Estuve hablando distraídamente con la quiosquera obsesiva de las cosas rojas. Dijo que todos los hombres son iguales. Qué le habrá pasado a la quiosquera obsesiva de las cosas rojas. Yo suponía que no mucho. Hay gente que con su cara no te dice nada de su pasado, hay cada vez más de esa gente. Mi café no se enfría nunca más y esto no es que me de sensación de que el tiempo se detuvo. Sería lindo. En cambio mucho tiempo pasó en un tiempo casi no tenido en cuenta, un tiempo dejado para después. El volumen está bajo porque no quisiera despertarlos. Ahora que no hay perros acá al lado saliendo a pasear a cualquier hora. Podés creer que llegué y el vecino regaba las plantas, llegué a esta hora y regaba y me dijo “a dormir” con esas modulaciones raras que a él le salen. Extraña a sus animales que te despertaban. La gente se siente sola y lo resuelve con mascotas.