lunes, 15 de junio de 2009


Mirando por televisión a la gente cada cual con su rasgo que al nombrarlo genera burla. Cejas depiladas habla, después habla falta sopa, después el del tono desesperado. Burla. Son personas y una cara tienen que tener, un cuerpo y unas ropas tienen que tener, un parecido remoto a superhéroe de los setenta puede ser que tengan, una voz animal y preferencia por colores marronosos es posible que les pase. Escucharlos hablar en palabras sueltas, tijereteando para no pensar, uno dijo escrutinio y se le escapó un sonido salivoso. Recortamos eso y burla. Mirando por televisión los rasgos era divertido y se tornaba más y más supersticioso, bruto y medieval, con pretensiones circenses, ya en el fondo con ganas de tirar unas piedras al más raro a ver qué hace. Unas personas que tenían algo para decir les clavábamos las tijeras y hacíamos bufones. Por la calle lo mismo, se nos hizo un vicio insoportable con esto, en la calle todos son payasos y en las fotos también, en los diarios está lleno de payasos y te lo digo nomás por el maquillaje, te lo digo porque el maquillaje siempre es lo más refulgente, siempre queda más cerca, y entonces veo a las personas en esa única dimensión de lo ridículas que pueden ser con solamente estar comprando algo en la farmacia. Después viste que la gente que conocés de hace mucho tiene narices raras y todo eso pero lograron pasar a otra categoría, de normalidad ponele, te acordás qué pensaste la primea vez que me viste, qué tipo de payaso era, habré llenado tus expectativas, te habré después decepcionado mucho. Te acostumbraste capaz a mi cara y me volví normal. A mí me pasó así con varios payasos, viste, afloraron otras cosas. Los payasos tienen un potencial que nos gusta recortar.

jueves, 4 de junio de 2009


El viernes te vi, te enfoqué, sumido en tus cosas, sumido en qué, aburriéndote de todos, despreciando, rebotando gente que te hablaba, gente que te tambaleaba en tu supuesto bienestar lejano, frío, inalcanzable, congelado de brazos cruzados escuchabas la música y rebotabas con sonrisas amables a la gente contenta que amenazaba tu mundo ártico, misterioso y correctamente situado en la semioscuridad. Por qué estás en un evento como este. Adelante tuyo unas chicas hablando el idioma de estar siendo escuchadas por oyentes ocasionales, chicas divertidas animadas a ser atrevidas y graciosas por una posible audiencia que te incluye, gentes rodeándote en movimiento, comprando bebidas, asimilándolas, hablando también otros tantos idiomas, rodeándote las mismas gentes que te rodean en contextos más semiclaros. Pensabas o escuchabas la música, exagerabas el gesto de indiferencia lo suficiente como para delatarte. Estabas asustado. Estaban el que ahora en mi mente llamo el gordo ovni y su amigo pelirrojo, estaban con la energía disparada, socializando con cualquiera, conmigo, con todos, demostrando sus talentos en el humor, en el carácter, debo decir, cuánto carácter en esa dupla, llevándose cosas por delante, el gordo ovni con una mirada tan malvada y feliz le procedía en contra al amigo sólo por vocación y el amigo sacaba un hacha, unos cuchillos, y se los tiraba a carcajadas sobre la impresionante extensión de su cuerpo. Este deporte los mantenía de un humor perfecto. Adelante de la dupla el personaje misterioso y gélido los escuchaba imperceptible, los razonaba, los comparaba y etiquetaba en respectivas personalidades, camaleónica, alegrosa, persecuta, hemofílica, antártica, espadachina, lacrimosa, cabecilla, a todos y cada uno nos fue metiendo en sus cajones hasta que empezó una pelea y tiraban botellas y tiraste los cajones a tiempo, reaccionaste, esquivaste, ayudaste, la respiración se te agitó y te hizo bien.