martes, 8 de septiembre de 2009


A mi abuelo lo están transformando en una criatura inmortal que nunca más va a ser un humano. Continuaron su aparato digestivo mediante un cable que sale de su nariz. Cuatro veces por día hay que sentarlo y proveerle su ración licuada. Un pegote espeso bajando despacio por el sistema plástico. Mi primo suicida se niega a visitarlo. Yo le insisto pero él prefiere estancarse en una ensoñación culposa a ir a veces a conversarle los delirios. Ayer surgió una cuestión de viaje en bote, un viaje en bote que si somos más de dos él no va a ninguna parte, mi abuelo postrado hace años gritando que no va en bote a ninguna parte si somos más de dos, que no vayan a tratar de engañarlo, que de ahí no lo mueve nadie. Yo le digo que no hay de qué preocuparse, que somos solamente dos, que al primo no le gusta andar en bote. Pero dale primo, yo te sugiero que vengas, tenés que ver esto, vos que no necesitás tragedias para sentirte mortalmente triste vení a ver un humano que devino en cosa. Serían una dupla increíble. Si odiás la vida, primo, entonces tenés que venir a ver esto. Si odiás la vida entonces deberías procurar odiarla completamente, deberías ir resolviendo.
Confesar a alguien tus intenciones de suicidio suele ser un error.
Responder a alguien que sí, que se suicide, suele ser un error bastante más amargo.

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