martes, 17 de noviembre de 2009


Dos de noviembre, quince treinta horas, proliferan los árboles de navidad con todo su esplendor plástico. Se entrelazan en mal bosque, se empujan, uno permanece en equilibrio solidario con otros dos. Por si acaso visten gorros rojos en la punta, en lo que alguien habrá supuesto equivalente anatómico a la cabeza humana. Así da gusto caminar por esta ciudad. Dieciséis horas, llego y en la mesada hay un par de esos tés que él prepara con esmero al ras de la taza, sin margen para el error humano que él mismo tan internalizado tiene. Vuelca. Esos tés que hacen manchas acumulativas en una casa que se limpia poco, que en el mantel que mezcla frutas flores y cuadros fueron formando una geografía que me distrae. Esos tés. Tenemos una conversación inútil, inofensiva, la mejor que podía pasarnos. Posiciones de perros al dormir, cosas que te enterás por facebook, un tipo especialista en tela antiestática. Yo estaba ahí estirando una amistad que amenazaba gravemente con no tener excusa, con no tener sentido, yo estaba en eso y vos también, y a las diecisiete horas, a las diecisiete horas cero tres que tu reloj horripilante marcaba, hubo un blanqueo de la situación, un blanqueo que nadie llamó y que nadie necesitaba y que hubiéramos querido evitar, un blanqueo que se hizo presente por sí solo y tuvimos que recibirlo y nos encontramos abriendo los ojos y no pudiendo mirarnos y el sueño se nos pasó y la frivolidad y supimos que nos estábamos despidiendo, que este encuentro era más una despedida que un intento de fortalecer lazos y el blanqueo, como era de carácter telepático intuitivo paranormal, era como un ovni aterrizando en tu patio, se iba sucediendo a la vez que le poníamos un esfuerzo desesperado a la conversación de perros y navidades porque al final era mejor cuando éramos normales y nos aburríamos o no éramos interesantes o no teníamos sensaciones o éramos amigos, al final era mejor eso podés creer excepto en la retrospectiva de las veintitrés quince horas, comiendo hamburguesas en una borrachera feliz, blanqueada y humana.

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