miércoles, 9 de noviembre de 2011

consecuente posición de enfermo mental inmune


Otra vez vio al Gardel de material no humano sentado en su banco, en ese emplazamiento algo ridículo por su cercanía excesiva a la calle, pensó que nunca humanos de material humano elegirían sentarse ahí si no fuera para sacarse foto con el muñeco. No esperaba cruzárselo, el Gardel venía siendo víctima del accionar vandálico deportivo por parte de unos personajes no demasiado salvajes, no demasiado creativos, les reprochaba, con un primer episodio de despojo inocente de su sombrero, y otro más perverso que implicó la mutilación desprolija de una de sus manos. Entonces el Gardel fue retirado para su reparación y se lo vio en las noticias, en primeros planos que hacían pensar que no tenía grandes posibilidades de subsistir, se lo notaba débil, de contextura anciana, casi un títere, incluso alguien sugirió cubrirlo por las noches con una estructura plástica protectora. Fue por esto un poco sorpresiva la presencia del muñeco y se acercó porque sospechaba un refuerzo a su baja solidez, un necesario paliativo a su fragilidad, y ahí estaba, ni muy evidente ni muy creíble para alguien que no conociera con cierto detalle al Gardel previo, notó con satisfacción una capa fina de barniz, brillante al punto de desagradar a cualquiera. Quiso testear el grado de seguridad que le daría al Gardel este nuevo material, primero tocó, después raspó con una uña repetidas veces aumentando gradualmente profundidad y velocidad, siendo su análisis voluntariamente interrumpido cuando vio que un policía se acercaba. Reaccionó saliendo a su encuentro, capaz en un intento inconsciente de alejarse de la posible evidencia. Tuvieron un diálogo en principio pobre, total confusión de uno de los lados, consecuente posición de enfermo mental inmune en el otro, rol que adoptó con espontaneidad y enseguida se propuso llevar al extremo. Se desempeñó con virtuosismo, la cautela justa, la original interacción con los transeúntes indignados que buscaban algún responsable de esta criatura no apta para la circulación normal en una ciudad. El policía no encontraba alternativas a las frases memorizadas años atrás, y las recitaba como un nene de hace cien años a la vez que su cara tomaba un color rosa fuerte que dejaba al descubierto su esencia violenta en general reprimida, emitía sus sonidos nefastos con una tensión cortante en las mandíbulas, con movimientos robóticas en los brazos, la criatura no apta ahora hablándole al Gardel, cantándole un tango que deviene en una música china, bailando un baile chino que deviene en coreografía alocada, lo que testea ahora es algo interno y complejo, se diría que se mide, prueba qué tanto puede desprenderse de su barniz propio, el policía se comunica con otros policías por medio de su aparato negro, después ruge hacia la nada que vienen los refuerzos, saca unas esposas y captura al malviviente.