sábado, 19 de mayo de 2012

demás contenidos brutales de la mente humana


Cuando camina la vereda no es tan tiesa como se supone, un efecto dado por el amortiguado virtuoso de todos sus movimientos, capaz innecesario en el aspecto físico, capaz necesario en el estético, con certeza involuntario a esta altura de su vida. Lleva auriculares grandes, ruidosos, de un color que fosforesce proponiendo reconsiderar el optimismo. De hecho varios transeúntes lo perciben como una señal y esbozan una pregunta, qué tan gris es en realidad ese día nublado. No alcanzan un estado de reflexión, la mayoría no logra más que un pensamiento frágil, sin peso, altamente devorable por las neurosis o los prejuicios o los demás contenidos brutales de la mente humana. Se limitan a dedicar una mirada de interés al aparato naranja, que en general no sostienen demasiado, en general quieren que pase inadvertida esa mirada que mira al aparato y no a la persona que lo lleva. Yo me muevo en la misma dirección que la persona que lo lleva, a una distancia razonable, puedo escuchar bastante de la música que el aparato dispara. Podría asegurar que es coldplay, por esa manera particular que tiene coldplay de nunca llegar a tocar mi alma, de rodearla, si es que semejante cosa existe. Veo que saca un cigarrillo, lo enciende y fuma con cierta actitud de estar cumpliendo con una obligación. Inspira el humo como cualquiera, lo interesantes es que se entrega a la sensación de que el humo es metabolizado por su cuerpo como una sustancia nutritiva. Lo vuelve partículas energéticas, vitaminas, compuestos inexistentes que son de luz y  son absorbidas por su cuerpo en sutiles actos sagrados. Una sensación que podríamos interpretar como narcisista: piensa que se alimenta del cigarrillo. Yo sé todo esto porque puedo leer los pensamientos de la gente, para decirlo de una manera simplificada. Esto sucede desde que me fue transplantado un corazón de cabra en el año 2008. Leer los pensamientos de la gente es una actividad molesta y fascinante, no se parece a escuchar ni se parece a ver, no se trata en verdad de leer, prefiero describirlo como pensar con el cerebro de otro, siendo que el cerebro de otro es una máquina con un lenguaje casi exclusivo que comparte bastante poco con el del cerebro propio. Hay que encontrar patrones, hay que volverse lo más irracional posible para acceder apenas a una proporción muy chica de lo que pasa en las cabezas de la gente. Me es prácticamente inevitable seguir a determinadas personas, a una distancia razonable, es de lo más adictivo que existe. No creo llegar a conocer mejor a nadie, en general eso no pasa, no desentraño grandes misterios de sus mecanismos internos, no hay tal cosa de penetrar en sus profundidades, en realidad la primera conclusión importante que saqué desde que leo pensamientos es que la gente es básicamente transparente. Es más fácil conocer a alguien si no se tiene la habilidad de leer sus pensamientos.