miércoles, 27 de junio de 2012

una parte pura de su alma, pura y bruta


Velorio de su propia madre, suena un teléfono de otra era en la piecita mínima destinada a las pertenencias de los implicados más cercanos, o a los implicados mismos, si necesitaran tirarse en un sillón verdoso a respirar aire un poco repugnante. El teléfono suena y atiende, escucha cómo alguien pregunta si pueden llevarle un té con leche al primer piso. Su reacción es decir que sí y su segunda reacción, inmediata, es corregirse con decisión: no, esto es otro velorio. Es otro velorio. Corta y tiene que pasar casi un año para que pueda reírse del episodio y después analizarlo, intentar una disección no muy diestra. En principio sí lleva el té con leche al primer piso. Arma una posible explicación basada en su agobie mental durante el velorio de su propia madre, y la hipotética tendencia de las mentes agobiadas de volver a un estado primordial de pérdida de prejuicios y consecuente afloramiento, en este caso, de un personaje servicial que lleva té con leche al primer piso sin cuestionarse el contexto. Trata de verlo como una parte pura de su alma, pura y bruta, sobreviviente a las reformas y desgastes que fue acumulando con el tiempo. No puede realmente convencerse y se deja llevar por otra duda: cómo es que alguien pide un té con leche en un velorio. Se ríe otra vez. Da vueltas en la cama en un insomnio tranquilo, bien recibido por desembocar en un domingo vacío de actividades, vacío de todo, da vueltas lentas y se ríe otra vez. Es una risa que amaga con volverse llanto y eventualmente lo hace, siendo la transición larga y con puntos de confusión en que la risa y el llanto sincronizan y emergen en simultáneo, sonando a ruido agónico de animal chico. Se calma y siente un cansancio pesado, enseguida se duerme aunque afuera ya amanece y los pájaros empiezan a expresarse insufribles. Se levanta al mediodía y almuerza inconscientemente, pizza helado pizza, un capicúa insalubre que le despierta cierta nostalgia. Más tarde un té con leche. Nunca toma té con leche pero decide recibir el impulso con naturalidad, se conforma con admitirse que es una acción forzada y, sobre todo, con saber que es muy importante completarla. Se mete de lleno en la tarea, agua a hervir, fósforo, elección de taza con platito, nunca usa taza con platito, saquito de té, azúcar, dos tercios de agua a la taza, vapor, revolver un poco y mirar la interacción de las sustancias, por último el tercio de leche, sabe que esto es todo muy importante. Es un té con leche perfecto y no lo toma, se volvió sagrado, deduce que fue preparado sólo para su contemplación. Mira el líquido homogéneo, cómo va perdiendo vapor, calor, y en su mente pasa algo parecido, se entibia, se ordena. Puede acordarse de las vueltas de la noche y siente amargura. Al  final entiende, lo que al amanecer había sido emoción exuberante ahora con el sol infernal entrándole por la ventana era retomar fríamente un duelo.

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