miércoles, 20 de febrero de 2013

un gordo satelitando el área


En principio nadie quiso profundizar, recordar con exactitud las circunstancias. Las reacciones fueron diversas pero en ningún caso se invitaba a reconstruir los hechos que habían dejado como saldo un aparato tecnológico inutilizado. Hubo acuerdo tácito en posponer el intercambio de argumentos para después de resolver el problema material, se intentó adoptar una actitud práctica. Eso en principio, y duró poco. Lo que siguió fue el brote silencioso de una variedad de sentimientos intensos en la línea de la desesperación. La atmósfera se llenó de colores violentos, un tanto surrealistas, y en el centro de la escena un aparato tecnológico inutilizado, ajeno, alquilado, imposible de pagar. Un aparato víctima de las miradas sostenidas de todos durante un suspenso doloroso que desembocó repentinamente en urgencia de explicar el siniestro. Cada cual hizo su declaración en medio de un clima de ansiedad e incoherencia, y la conclusión final resultó, como era de esperar, deforme. Frustrados y conscientes de lo terrible del paso de cada segundo, volvieron a concentrar sus esfuerzos en solucionar el desperfecto tangible. Esta vez con una energía especial, desplazamientos, elocuencia telefónica, movimientos e interacciones que podrían considerarse innecesarios pero en realidad tenían un rol importante en subir el ánimo, o en minimizar su decaimiento. Entonces llegaron en un auto blanco a una dirección cercana, con la sensación de haber sido teletransportados. Casa, puerta, timbre, sale un pelado con un alto nivel de preocupación en la mirada y un discurso cordial logrado con esfuerzo. Desde la vereda lo miran maravillados al pelado, lo visualizan al pelado detrás de lentes oscuros injustificables a esa hora, amortiguando unos ojos nerviosos, llorosos en algún caso, se trata de una imagen potente. La comunicación se da en forma compleja, dificultada por la desconfianza que desde el primer momento de contacto se había instalado entre las partes negociantes, el lenguaje técnico no es problema, los números se dicen con pudor. El pelado y los demás implicados suben al auto blanco teletransportador y llegan al lugar de la tragedia. Abundan objetos plásticos, cables, contracturas, un gordo satelitando el área sin poder aportar armonía a la situación. El aparato inútil es suplantado por uno útil de última generación, por un instante yacen uno al lado del otro tan sujetos a comparación, tan mansos, haciendo denso el surrealismo y de alguna manera destacando la intervención del pelado que se va volviendo heroico. El aparato suplente funciona, hay alivio, hay perdonados sin haber todavía culpables, hay un pelado menos preocupado, más seguro, que no duda en suspender la desconfianza inicial para desplegar una nebulosa de conocimientos, un discurso cordial y heroico y objetos plásticos, mal recibido ese pack por todos, en especial por el gordo satélite. Hay un aparato que anda pero la tensión debe continuar, el aparato original ha de ser entregado en pleno uso de sus facultades y eso va a tener un precio que es mejor no calcular. El paso de cada segundo se empieza a sentir punzante otra vez, ojos llorosos y desplazamientos, hay que comunicar la suerte del aparato original para que todo siga su curso. El pelado y el gordo parecen haber entrado en una competencia de egos y se divierten, la retórica es desmedida, el vocabulario no alcanza y se recurre a mímicas extrañas, hay gran aporte a la densidad siempre creciente y en este contexto hay que hacer una confesión telefónica muy difícil, se toma aire, se elige el contacto, se inspira y se exhala aire, un sonido indica que el teléfono destino está sonando, el aire recircula veloz y hay sonidos de que alguien atiende, hay un calor poderoso cuando se escucha el hola más dulce e inocente del cual es capaz un ser humano, hay que informarle justamente a este humano que su aparato ha sido corrompido y ha muerto o entrado en un coma profundo y la situación es de un calor poderoso y una angustia paranormal, se hace la declaración, hay un silencio corto pero eterno, el gordo y el pelado se disputan de maneras encubiertas sus respectivas contribuciones al acto heroico, el silencio es corto pero incomprensiblemente sigue durando y la angustia empeora hasta que del otro lado la voz más sincera y humilde de la cual es capaz un ser humano dice que no importa que todo va a salir bien, y esa voz, entendemos, es la del verdadero héroe de esta historia.