lunes, 27 de mayo de 2013

un material raro, liviano, amarillito

Un psíquico te hace subir al escenario desde el cual propaga su show egocéntrico, extrañamente autorreferencial, vos estás pasando por una experiencia cannábica intensa y un psíquico te elige de entre una multitud ávida de experiencias metafísicas y te hace subir al escenario para que seas partícipe de uno de sus actos. Una vez ahí te vas enterando, hay que decir números, letras, hay que saberse los meses del año en perfecto orden y sus números y letras y cantidad de días, es todo de una complejidad que no esperabas, que no alcanzaste a sospechar a pesar de tu naturaleza neurótica, ahora tal vez apaciguada por la situación química en tu cuerpo. Sos abierto a experiencias nuevas, sos abierto a los distintos tipos de humano, coleccionás amistades sin prejuicios y sin descanso, y terminás accesible a un psíquico, a sus peticiones sin sentido, subido a un escenario tratando de acordarte cuántos días tiene octubre.

No sabrías precisar cantidad exacta, pero podés asegurar que octubre tiene muchísimos días. El último octubre que viviste, además de todos esos días correspondientes, tuvo una atmósfera especial, una variedad de situaciones sin precedentes, te pasaste el mes con la sensación de estar viviendo vidas de otros. El día típico se dividió en unidades nuevas, períodos de tiempo irregulares, libres, cada uno una historia mínima, cada uno con la singularidad de parecer eterno. Ejemplo de período irregular con la singularidad de parecer eterno: es de noche, recorrés caminando una zona de la ciudad que no conocés, buscando una dirección que resultaría inexistente, llevás dos planchas de un metro setenta por un metro cuarenta de un material raro, liviano, amarillito, que tienden a entablar con el viento unas discusiones inútiles. El último octubre que viviste conociste al epiléptico que te consiguió un trabajo en el que casi perdés la vida, tu vida fue salvada heroicamente por un perro llamado Mulita. Eso sobre fin de mes, el principio te encontró en una especie de festividad religiosa, el ambiente imposible de asimilar en actitud relajada, siempre algo oscuro, dañino, observándote desde rincones sombríos, echándote maldiciones. Te mantenías alerta, puro instinto de bestia salvaje, la adrenalina al tope dándote un plus de lucidez, y apareció el epiléptico con un insecticida en la mano. Esa imagen sí te hizo bien. Se presentó y empezó a hablar de cucarachas, después dijo: no fumo ni tomo alcohol, pero me gusta mucho el insecticida. Y no supiste hacer otra cosa que envolverlo en tu manto infalible de amistad. A los pocos días tenías un trabajo que implicaba un material raro, liviano, amarillito, que había que fabricar y había que testear y vender, había que abrirle un lugar en el mercado y a la vez vos sentías estar abriéndote un lugar en el mundo, profundamente agradecido por la existencia de ese material, conmovido y obsesionado con tu nuevo rol en la vida, andabas de noche caminando con planchas del material, visitabas al epiléptico, inhalaban insecticida y también rociaban un poco sobre las planchas para estudiar detenidamente la reacción química que tenía lugar. Una noche se pasaron de inhalación y así se enteraron de la epilepsia del epiléptico. El día que siguió se puso difícil sin compañero de trabajo, remando en soledad situaciones sociales con gente de piedra, tu ánimo roto, tu amigo internado, y una serie de errores técnicos que confabularon contra tu existencia. Otro ejemplo de período irregular con la singularidad de parecer eterno: no podés moverte, te estás asfixiando a causa de una emanación venenosa en un laboratorio semiclandestino muy chico, una de sus paredes con un objeto decorativo desconcertante: un plato blanco mediano con un retrato de J. F. Kennedy. Esa hubiera sido la última imagen procesada por tu cerebro si no fuera por el trance de ladrido obstinado a cargo de Mulita. De entrada habías sentido un cariño especial por ese animal marrón. Eso fue el 31 de octubre pasado, y a la mañana siguiente supiste que te despertabas en otro mes, en otro mundo, había una sensación de monotonía muy angustiante oprimiendo tu alma.

Octubre tiene 31 días. Hay un psíquico mirándote a los ojos, esperando una respuesta, su cara entera te suplica que reacciones, que salgas del coma introspectivo en el que caíste, vos ya volviste al contexto pero no tenés noción del tiempo transcurrido, no sabés qué pasó en tu ausencia, cuál fue la pregunta, qué es lo que demandan esos ojos arrogantes que te hacen doler, que te están pinchando, casi sentís la voz del psíquico abriéndose paso en tu mente desordenada, eso también duele y ya no podés luchar, inspirás, aclarás tu garganta y con mucha seriedad decís: 31.

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