lunes, 30 de junio de 2014

una corrosión profunda, radioactiva

Como tener una bolsa de polietileno en la boca y masticarla, sentir una sensación rara en los dientes, rara y cercana al malestar, sentir un gusto fuerte a absolutamente nada. Eso le dije y ella quedó tiesa. Yo pude relajarme, había logrado dar una definición a mi tedio. O dar una nueva definición a mi tedio. O dar otra definición a mi tedio, y eso me fue suficiente, porque paradójicamente dar otra definición a mi tedio aplacaba mi tedio en el sentido de que proponía algo distinto, porque al tedio se lo aplaca desentendiéndose de la rutina, desorganizándola, teniendo otra definición para algo que durante una eternidad se definió de la misma manera. Ella quedó tiesa en un gesto de disgusto. A veces pienso que podría matarla, a veces pienso que voy a terminar matándola por razones muy ambiguas, por uno de esos ensombrecimientos que me atacan, algo entre la paranoia y la depresión y el deporte no realizado en todos estos años. Pero esa vez no la maté, esa vez salimos a comer afuera. Gastar plata es algo que nos entretiene, nos gusta la plata, gastarla en cosas que no necesitamos, sabemos que es un juego y nos gusta ese juego. Y al mismo tiempo aborrecemos ese juego y nos aborrecemos a nosotros mismos. Pero esa noche fue entretenida y en medio de ese entretenimiento fláccido pensé otra vez en mi tedio, en mi otra definición a mi tedio, y pensé que ya casi no puedo sentir placer. La anhedonia total es mi destino, tarde o temprano voy a sumergirme de lleno en ese estado porque esa es la única dirección en que mi alma sabe evolucionar. Llegué a cierto grado de aceptación de esta fatalidad a la vez que comía una especie de omelette, creo que sonreía cuando comía omelette y aceptaba esa fatalidad y notaba que ella estaba tiesa otra vez. Sentir una sensación rara en los dientes como si hubieran sufrido una corrosión profunda, radioactiva, las terminaciones nerviosas expuestas a un nivel de hipersensibilidad, sensaciones dentarias dramáticas, una bolsa de polietileno en mi boca como una concentración energética causando un sufrimiento especial y confuso, nunca antes experimentado. Ella interrumpió su entumecimiento facial para apenas sonreír y enseguida enfocarse en sus cubiertos, en cortar prolijamente una carne jugosa, como estando a cargo de una intervención quirúrgica de alta complejidad, con esa expresión concentrada que a mi entender es de las mas sinceras e inocentes que le quedan. Una hora antes yo analizaba su comportamiento. Ella se arreglaba antes de salir y yo la observaba desde las sombras y leía su mente, que no es para nada fácil pero yo ya puedo leer su mente a veces, y su mente torturada se deshacía en dibujos complicados cuando se arreglaba porque ser femenina para ella tiene que ver con lo superfluo lo incómodo lo frágil en un mal sentido y entonces ser femenina es estúpido, y a la vez es su esencia ser femenina es una necesidad que padece y cuando antes de que salgamos una noche se arregla es un deleite ver las manifestaciones de ese dilema y ver cómo encuentra el equilibrio en una estética minimalista y casi siempre termina por ponerse esa fina cadena plateada en su cuello con ese dije delicado y brillante, objeto maldito que te hace creer que tiene una simetría perfecta y en realidad es perfectamente asimétrico y todo el tiempo tengo que mirarlo cuando ella sentada en frente mío habla con su voz amarga de los males que la aquejan y que aquejan a la humanidad completa, yo bajo la mirada a cada rato para hipnotizarme con el dije asimétrico. A ella le parece bien que hable de mi tedio y dice que no entiende cómo las personas no hablan más de sus propios tedios, de la versatilidad, de las intensidades mortificantes de sus tedios y dice que su carne no está lo suficientemente jugosa. Pero cuando al final de la cena le preguntan si quiere las sobras ella dice que sí, que las quiere, y unos minutos después le entregan un pedazo geométrico de carne en una bandeja plástica envuelta por una bolsa de polietileno blanca y desproporcionadamente grande que vibra con el movimiento, que hace una música tranquilizadora.

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