martes, 5 de mayo de 2015

un mar de gente, perros y basura

En la terminal de colectivos hay unos tachos de basura altos y grandes con un borde circular lo suficientemente grueso para soportar el peso de un perro mediano. El domingo a la noche la terminal era un mar de gente y perros, y en un momento mágico vi cómo uno de los perros saltaba a un tacho de basura y se quedaba haciendo equilibrio en su borde, mirando para abajo con una concentración que tenía algo de humana. Después se tiró en un clavado medio desprolijo adentro del tacho. Todas las personas que vimos el clavado nos reímos, un hombre con una golosina a medio comer se acercó al tacho y riéndose como un demente dijo que el perro se estaba comiendo la basura, y llegaron unas chicas que con un aire periodístico contaron que ya habían visto al perro hacer eso en otros tachos. Una señora de unos sesenta años y un nene de unos cuatro vinieron desde otro sector de la terminal a tirar una botella de plástico y como estaba el perro adentro del tacho quedaron desconcertados y no la tiraron, al rato vi que la señora dejaba la botella en un rincón en el piso. Ella quedó particularmente asqueada, con cara de necesitar un tiempo para digerir la escena, y con esa expresión de repugnancia trató de explicarle al nene las diferencias entre los perros buenos y estos otros perros inadaptados que se meten a los tachos y comen basura. Al avanzar la explicación su indignación crecía y también su preocupación por que el nene aprendiera a diferenciar estas dos grandes clases de perros y qué clase merecía su amistad y qué clase no, y a la vez  que explicaba dejaba en el piso la botella que había tenido un líquido apenas verde y pegajoso que ahora estaba tibio, internándose en las profundidades de sus sistemas corporales. Escuchar a la señora impartir su sabiduría al nene fue perturbador, ella buscaba palabras que nunca encontraba y cambiaba por otras que tenía más al alcance, desfigurando lo que tenía intenciones de decir, construyendo un mensaje azaroso. El nene recibió la explicación callado, casi autista, no hizo ningún comentario ni preguntó nada. Creo que sabía de antemano qué perros merecen su amistad y qué perros no. La explicación de la señora llegó a su fin prematuramente cuando sonó su celular. De ahí en más el nene entró en un estado de actividad plena, abrió su mochila y sacó una bolsa con cientos de muñecos de dinosaurios que empezó a acomodar en el suelo en una fila interminable sin que la señora se diera cuenta porque estaba entregada de lleno a la conversación telefónica. Empecé a sospechar que el asco en su cara era su expresión más natural y no una reacción a la escena del perro comiendo basura. La terminal era un mar de gente, perros y basura, y había una fila de muñecos de dinosaurios que empezaba a causar inconvenientes. Pasaron unos chicos con un paquete de rocklets de tamaño descomunal que no podían abrir y se iban pasando y cada uno parecía hacer más fuerza para abrirlo que el anterior y varios empezamos a seguir esta situación y al final lo que todos temíamos y queríamos sucedió y el paquete explotó y llovieron los rocklets haciendo unos ruiditos muy gratificantes y los perros que merodeaban en la terminal enseguida entendieron que tenían que acercarse y lo hicieron algunos corriendo bestialmente y se compenetraron en comer rocklets, el perro que estaba en el tacho salió como propulsado por superpoderes o algo sobrenatural y se unió a la actividad alimenticia y resultó ser un virtuoso de comer rocklets desparramados en el suelo, y en la gente había indignación y diversión en proporciones parecidas, y el nene de cuatro años también se acercó y en un acto de rebeldía y liberación empezó a acariciar a los perros inadaptados, corría enloquecido, yendo de animal en animal, repartiendo caricias brutas a perros indiferentes a su amor.  

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